El enfado de Paul Labrouche

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elisa
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El enfado de Paul Labrouche

Mensaje por elisa » Sab Oct 10, 2020 3:29 pm

EL ENFADO DE PAUL LABROUCHE
Artículo publicado en la revista Vetusta nº 89 (Junio 2020)

Revisando viejas publicaciones, hemos encontrado un curioso testimonio: la reacción de Paul Labrouche, uno de los grandes pioneros de la exploración de los Picos de Europa, al sentir que sus escaladas en estas montañas estaban siendo infravaloradas. La anécdota no tiene más interés que el de mostrar algo muy común en los seres humanos, incluidos los alpinistas: la extrema sensibilidad de nuestro amor propio.


En 1922, el conde de Saint-Saud publica “Monographie des Picos de Europa (Pyrénées Cantabriques et Asturiennes). Études et Voyages”, obra en la que recoge las exploraciones realizadas a lo largo de ocho viajes a estas montañas. En tres de ellos, Saint-Saud estuvo acompañado del alpinista, historiador y archivista vasco-francés Paul Labrouche, a quien el conde dedica el libro citado. Saint-Saud reproduce en su obra textos sobre los Picos de Europa que Labrouche había publicado años antes en varias revistas y lo hace como homenaje al amigo querido que acababa de fallecer y que, entre otros méritos, contaba con el nada menor de haber protagonizado la primera escalada a dos de las grandes cimas de los Picos de Europa: Torre de Cerredo y Peña Santa. Por estas y otras exploraciones, la figura de Labrouche merecería ser tratada con mayor extensión, pero esta breve nota solo pretende contar una anécdota, poco o nada conocida, en la que estuvieron involucrados él y una dama alpinista llamada Constance Barnicoat-Grande.

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Paul Labrouche en los Picos de Europa en 1906, con la Vega de Comeya al fondo. (Foto de Saint-Saud, Colección Schulze).


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Grabado sobre fotografía de 1891 del conde de Saint-Saud. A la derecha, aparece Paul Labrouche, cruzando el río Cares en las proximidades de Mier.


Constance Barnicoat fue una periodista neozelandesa, de origen británico, que visitó los Picos de Europa a finales del verano de 1908. Sus experiencias quedaron reflejadas en dos artículos publicados poco después en un periódico londinense y en otro de Nueva Zelanda. En el primero narra una excursión de tres días en la que, tras salir de La Ercina y atravesar parajes extremadamente abruptos en compañía de un guía local, llega a una aldea remota de la que no da el nombre, pero que hoy, gracias a una mención a Barnicoat que hace Saint-Saud en su libro de 1922, sabemos que se trataba de Bulnes. Y en el segundo artículo relata cómo conoció en Covadonga al Marqués de Villaviciosa, quien la invitó a participar en una cacería de rebecos de la que Constance aporta numerosos detalles. Once años más tarde, en la revista francesa “La Montagne”, la periodista vuelve a recordar aquella estancia en los Picos de Europa y las impresiones recibidas, cerrando el texto con estas palabras: “Para terminar debo decir que, cuando pasé por Bayona camino de España, el señor Paul Labrouche me dio algunos valiosos consejos. En el viaje de regreso a Inglaterra fui a verle y recuerdo que me dijo bromeando que a él lo habían izado a la cima de Peña Santa ‘como un simple fardo’. Yo no quise creerle, pero sus palabras expresan muy bien la belleza de las escaladas en esos Alpes desconocidos”.

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Constance Barnicoat, una de las primeras mujeres que vistió ropas masculinas para practicar el alpinismo. Fotografía tomada en 1903 en Nueva Zelanda.

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Constance Barnicoat fue en su tiempo una alpinista destacada. En la imagen aparece en Suiza, escalando en 1911 el Gran Schreckhorn en la que fue la segunda invernal femenina.

Este artículo, publicado en abril de 1919, provocó la réplica inmediata de Labrouche. Como verán a continuación, el francés comienza reivindicando la importancia de la gran cumbre que él había conquistado, Peña Santa, una importancia que considera superior a la del Naranjo de Bulnes; y, para demostrar las diferencias entre estas dos cimas, las compara con dos conocidas cumbres de Les Ecrins. Pero dejemos que sea el propio Labrouche el que exprese su sentir:

Sr. Redactor Jefe, “La Montagne” ha tenido la amabilidad de recordar recientemente que es a mi amigo Aymar de Saint Saud y a mí a quienes se debe la primera exploración científica de los Picos de Europa; pero (déjeme decirle) la “Meije” de los Picos de Europa no es el Naranjo de Bulnes, que es solo un “Pelvoux”: su “Meije” es la Peña Santa, que yo tuve la oportunidad de escalar. Hasta donde yo sé, nadie ha vuelto a conquistar su cima, mientras que el Naranjo ha sido escalado en numerosas ocasiones (si esto se pone en duda, le puedo proporcionar detalles referidos a la Peña Santa). Y por el honor del alpinismo francés, tenga en cuenta que, si no derroté al Naranjo, es porque no lo ataqué: mi compañero había estudiado brevemente el terreno en un viaje previo y le pareció que esta peña, que él vio desde lejos, presentaba una gran panza, por lo que la juzgó inaccesible. Y como era solo una cima de segundo orden, teníamos mejores cosas que hacer triunfando sobre las cimas principales: la Torre de Cerredo y la Torre del Llambrion, la más alta de las estaciones esenciales para la triangulación. Peña Santa, la cumbre más alta del Macizo Occidental, era considerada por todos los montañeros asturianos como absolutamente impracticable. Y el guía francés que me condujo a ella, y que es una de nuestras glorias pirenaicas, François Bernat-Salles, nunca pudo ni quiso volver a escalarla, lo que demuestra muchas cosas. No es correcto, como escribió Madame Grande, de soltera Barnicoat, que Salles me haya izado a la cima “como un simple fardo”: el fardo no habría regresado, ni siquiera en pedazos, si hubiera sido arrojado durante diez horas a lo largo de aquellas losas lisas. La verdad es lo que escribí en la revista “Tour du Monde” y en el “Bulletin Pyrénéen”: hay un tramo (uno solo) por el que un hombre no puede pasar sin arriesgar su vida. En ese paso (y solo allí), subí y bajé con cuerda, igual que hizo el guía español que nos acompañaba. Y Salles trepó descalzo, agarrándose a las paredes con terror. Me dijo que no volvería con nadie más. Regresó, pero no pasó [Paul Labrouche se refiere a dos ocasiones más en las que Bernat-Salles volvió a los Picos de Europa. En ninguna volvió a alcanzar la cima de Peña Santa]. Al Sr. Zabala, que tuvo la amabilidad de dedicarme su obra, me ofrecí a llevarle allí, ya que la caminata, según su nuevo libro, es muy fácil. Todavía estoy esperando su respuesta. La Sra. Grande, por otro lado, no hizo ninguna escalada en los Picos: solo vio “los vestíbulos”, como todos los demás, excluyendo al Sr. Pedro Pidal, Marqués de Villaviciosa de Asturias y Senador de España, y unos pocos exploradores, la mayoría franceses. Si uno conoce bien la red de sendas (todavía no se dispone de un mapa), es muy fácil penetrar en el macizo a través de admirables caminos y contemplar sus magníficos miradores. Este macizo será el objetivo, puede que en 1920, de una expedición francesa "motorizada" y "fotográfica" para la que ya han solicitado mi participación; pero su exploración alpinista es tan difícil hoy como lo era hace treinta años, si no más.

Hasta aquí, lo esencial de la réplica de Labrouche. Al leerla se percibe su tono emocional, comprensible en un hombre que en aquel momento ya contaba 61 años y quizá sentía que el papel jugado por los franceses, y por él mismo en su juventud, no era valorado como se debía. Ese acento emocional se capta cuando afirma que, si no conquistó el Naranjo, fue sencillamente porque no lo intentó, o cuando dice que, si no lo hicieron, fue porque se trataba de “una cima de segundo orden”. Por otro lado, quizá no muy bien informado, afirma cosas que no son exactas: no era cierto que en 1919 nadie más hubiese alcanzado la cima de Peña Santa, puesto que en esa fecha ya había sido escalada en siete ocasiones, frente a solo tres del Naranjo de Bulnes. Tampoco parece cierto que Fernández Zabala, coautor con Pedro Pidal del libro “Picos de Europa” afirmase que la subida a Peña Santa fuese “una caminata fácil”; de hecho, en el libro en cuestión se califica esa cumbre como “muy difícil”, si bien precisando que su dificultad es menor que la que presenta el Naranjo. Lo que no podemos rebatir, porque no disponemos de datos, es la afirmación de que hasta 1919 la mayoría de los exploradores de los Picos habían sido franceses; en realidad, solo tenemos constancia de aquellos de los que ha quedado testimonio escrito y, además de Saint-Saud, Labrouche y Bernat-Salles, encontramos pocos más: Albert de Tissandier con Bernat-Salles y otro guía de Gavarnie, en 1895, y, en 1905, Fontan de Negrin, el Vizconde de Ussell y Pierre de Naurois acompañados de dos guías franceses, uno de los cuales era de nuevo Bernat-Salles.

En cuanto a las palabras de Constance Barnicoat, no da la impresión de que ella pretendiese menospreciar el mérito del francés al escalar Peña Santa, sino que parece que simplemente buscaba rematar su artículo destacando la bravura del relieve de los Picos de Europa. Podría ser que la joven no hubiese captado bien alguna ironía de Labrouche, cuyo sentido del humor y carácter jovial fue destacado por sus contemporáneos. Sin embargo, el propio Labrouche nos ha dejado una pista de lo que pudo decir, una pista que en 1919, al redactar la réplica publicada en La Montagne, parecía haber olvidado: existe un artículo, publicado en 1905 en el Bulletin Pyrenéen, en el que Labrouche ensalza a Bernat-Salles por haber sido capaz de encontrar el único paso posible hacia la cima de Peña Santa, paso “en el que me izó a mí mismo en 1892” (p. 500). Y hay más: en ese mismo artículo, Labrouche especifica claramente cuáles eran las cimas que él consideraba como “las dos cumbres más formidables de los Picos de Europa”: Peña Santa y el Naranjo de Bulnes.

Para terminar se podría decir que, más allá del debate sobre la importancia de Peña Santa, hay algo que la réplica de Labrouche deja traslucir con bastante claridad: en el orgullo de los franceses había quedado clavada una espinita,… una espinita llamada Naranjo de Bulnes. Nuestro Urriellu.

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Pepe García
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Re: El enfado de Paul Labrouche

Mensaje por Pepe García » Dom Oct 11, 2020 8:49 pm

¡Qué bueno, Elisa!
Qué "pequeñas" historias más interesantes que parecen humanizar a aquellos ya míticos personajes.
Muy curiosa también esa chica, Constance, seguramente muy valiente para su época.
Y las fotos y grabados son buenísimos.

pablo_ast
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Re: El enfado de Paul Labrouche

Mensaje por pablo_ast » Lun Oct 12, 2020 5:09 pm

muy buen articulo/exposicion. me ha encantado leerlo kk2:)

Sirvillo
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Re: El enfado de Paul Labrouche

Mensaje por Sirvillo » Mié Oct 14, 2020 10:47 pm

Muy curioso!! O, "donde dije digo, digo Diego..."

También veo que falta a la verdad (y en este caso si a sabiendas) al decir que "es a mi amigo Aymar de Saint Saud y a mí a quienes se debe la primera exploración científica de los Picos de Europa", obviando claramente las expediciones de Casiano del Prado, ámpliamente conocida y comentada y creo recordar que también hubo unas expediciones militares (sin nombres conocidos) para triangular algunas cumbres.

Si, parece que el ego le pudo en este escrito...

elisa
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Re: El enfado de Paul Labrouche

Mensaje por elisa » Jue Oct 15, 2020 7:00 am

Pepe, pablo_ast, Sirvillo, ¡muchas gracias por vuestros comentarios!
Sí, creo que es verdad que estas pequeñas anécdotas humanizan a los personajes en el sentido de que, más allá de la épica en la que la historia los ha colocado, descubrimos que también estaban aquejados de ciertas "debilidades": las debilidades comunes de los seres humanos.

Respecto al ego de Labrouche, me viene ahora a la cabeza algo que no está de más recordar aquí, un hecho que a él quizá también le tuvo que doler un poco. En la última década del siglo XIX, Labrouche publicó en diversas revistas y boletines varios artículos, muy estimables, sobre las exploraciones que, junto con el conde, había realizado en los Picos de Europa. El conde de Saint-Saud usa esos artículos para su obra "Monografía de los Picos de Europa. Pirineos cantábricos y asturianos" (primera edición, 1922). En ella, por supuesto, reconoce la autoría de Labrouche: "Es de toda justicia decir que el erudito Paul Labrouche ha sido en gran parte el redactor del relato de nuestros primeros viajes", dice el conde en el prólogo. (Aquellos primeros viajes fueron los más importantes, ya que fue durante los mismos cuando se conquistaron las grandes cumbres). Una, aunque con el pensamiento del siglo XXI, se le ocurre pensar que, en vez de un muy sentido agradecimiento... ¿no habría sido más justo que el conde hubiese incluido a Labrouche como coautor?

En cuanto a quiénes fueron los primeros exploradores científicos, ¡claro que es clamorosa la no mención de Casiano de Prado que señala Sirvillo! (ay, se me pasó... ¡esto debería haberlo apuntado en el artículo!). Y, por supuesto, en aquellas fechas hacía décadas que se habían llevado a cabo las exploraciones militares lideradas por el coronel Francisco Coello de Portugal y Quesada, como también recuerda Sirvillo.

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