Isabel Izaguirre, alpinista pionera

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elisa
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Isabel Izaguirre, alpinista pionera

Mensaje por elisa » Mar Ene 21, 2020 4:45 pm

Hace casi setenta años, cuando pocas mujeres practicaban la escalada, Isabel Izaguirre coronó el Naranjo de Bulnes y Peña Santa (por una vía de la cara sur), entre otras grandes cumbres de los Picos de Europa. Por esta razón, creo que tiene sentido recoger en este foro su historia como alpinista. El relato, surgido tras un encuentro con ella en Caldas de Luna en 2016, fue publicado meses después en el nº 86 de la Revista Vetusta. Para su reproducción en foropicos ha sido ligeramente abreviado, pero, quien lo desee, puede descargar el texto completo en la página www.gmvetusta.com. También pueden hallar datos sobre Isabel en “Naranjo de Bulnes. Un siglo de escaladas”, de I. Rodríguez Cubillas (2000), y en “Historias del Naranjo de Bulnes”, de F. Ballesteros Villar (2004, obra en la que se desveló que Isabel había sido la primera asturiana en alcanzar la cima del Urriello).

¡Espero que os guste!

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ISABEL IZAGUIRRE, PIONERA DEL ALPINISMO


Isabel es menuda, dulce, aparentemente tímida, aunque muy risueña. Tiene 88 años pero sus ojos ríen con el mismo encanto con el que lo hace en las fotografías de juventud que me acaba de enseñar. En ellas veo una chica de ojos claros y trenzas rubias, de unos veinte años, que sonríe traviesa teniendo siempre como fondo paisajes de montañas. Son fotos en las que aparece escalando una arista, progresando por una chimenea, rapelando una pared o, simplemente, descansando mientras mira a la cámara con la expresión radiante de quien acaba de alcanzar la cumbre. Dos de ellas me llaman particularmente la atención. En la primera, de 1952, Isabel, encordada y con atuendo invernal, descansa sobre un blanca y helada arista portando… ¡un bastón de madera! En la otra, que lleva fecha de 1953, está apoyada en una gran cruz que recuerda las que son tan frecuentes en las cimas alpinas de importancia. Las fotos corresponden, respectivamente, al Mont Blanc y el Cervino, por lo que mi sorpresa es grande: ¡muy pocas españolas habrían conquistado en aquellas fechas tales cumbres! Además, como Isabel es asturiana de nacimiento, pienso que es casi seguro que ella fue la primera mujer de esta región que puso el pie en lugares tan emblemáticos del alpinismo europeo.
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¿Quién es Isabel?, me pregunto. ¿Cuál es su historia?¿Cómo nació su afición al alpinismo? Aunque estas cuestiones acuden desordenadas a mi cabeza, las precisas y sobrias respuestas que ella me va dando permiten esbozar este breve e incompleto perfil de su vida montañera.


Las raices

Isabel Izaguirre Rimmel nació en Gijón el 9 de octubre de 1927, donde sólo vivió de modo continuo el primer año de su vida, ya que poco después la familia se trasladó a Madrid. Sin embargo, durante varios años, los Izaguirre regresaban cada verano para pasar las vacaciones a orillas del Mar Cantábrico. Isabel aún conserva muy vivos los recuerdos infantiles de aquel periodo, en el que aprendió a hablar con los giros del dialecto local y en el que solía acompañar a su padre en largos paseos a pie por el entorno rural de la ciudad, si bien la pequeña no le acompañaba de buen grado; muy al contrario, se negaba enérgicamente y protestaba diciendo que ella lo que quería era “ir a la playa a hacer quesinos”. Años más tarde, cuando la joven Isabel pedía a su padre dinero para ir a Los Alpes, éste le solía contestar: “Pero, bueno, ¿no quedamos en que lo que más te gusta es ir a la playa a hacer quesinos?”. Sin embargo, fue en esta etapa infantil cuando visitó por primera vez los Picos de Europa, ya que a los tres años, durante una excursión familiar a Covadonga, subió al Pico Priena; y, un poco más tarde, junto a su padre, hizo una inolvidable excursión a Vegabaño.
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Comienzos de una vida montañera

En el otoño de 1945, viviendo ya en Madrid, una amiga que cada semana iba a la sierra con su familia la invitó a ir con ellos. Aquel día, además de descubrir el esquí, un deporte con el que se entusiasmó y que ya nunca dejaría de practicar, comenzó una década de pasión absoluta por la montaña. Y fue también allí, en la sierra, donde en 1948 se encontró con otro amigo que le contó que se había hecho socio del club Peñalara, le habló de las actividades que organizaban y la animó para que se uniese a ellos. De este modo, en 1949, Isabel entró a formar parte de la Real Sociedad Española de Alpinismo Peñalara y de su Grupo de Alta Montaña (del que era presidente José González Folliot), una relación que ha marcado su trayectoria montañera y que permanece hasta el día de hoy. A partir de aquella fecha, los años se dividían, deportivamente hablando, en dos largas temporadas: la de esquí en la sierra, en la que se intercalaba alguna escalada invernal, y la de escalada en roca en La Pedriza. Pero para esto último tuvo que esperar a cumplir los 21 años, ya que los menores de edad debían presentar el permiso paterno antes de ser aceptados en los cursillos de iniciación que se organizaban. Isabel, suponiendo la sorpresa que se llevaría su padre si le pedía semejante cosa, ni se le pasó por la imaginación hacerlo.

A la escalada llega con la mayoría de edad, pero dispuesta a recuperar rápidamente el tiempo de espera. En esos primeros años, ya se atreve a subir de primera de cuerda al Segundo Hermanito (a pesar de que su corta estatura representaba un duro hándicap en algunos pasos) y a escalar en 1951 la vía de la chimenea abierta en 1933 por Teógenes Díaz y Ricardo Rubio en el Torreón de Los Galayos. Esta ascensión fue la sexta escalada femenina a esta cima y en ella Isabel formó cordada con dos nombres sonoros del alpinismo español: Agustín Faus y Tomás Sanjust.


El Mont Blanc
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Alrededores de Chamonix

En el verano de 1952, Isabel y un grupo de amigas disfrutan de unos días de vacaciones en Argentiere, al pie del Macizo del Mont Blanc. Sus planes incluyen hacer diversas excursiones por la zona, pero la mirada de nuestra protagonista se dirige a menudo hacia lo más alto, a un objetivo que la había dejado fascinada desde que lo vio por primera vez desde el tren que la llevaba a Chamonix: el Mont Blanc. Ella espera que alguna de las amigas se anime a acompañarla, pero los días han ido pasando, el fin de la estancia se acerca, y ninguna de las chicas se ha decidido a meterse en empresa tan atrevida. Isabel, demostrando entonces su fuerte determinación, se acerca a la Oficina de Guías de Montaña de Chamonix. Allí, cohibida ante la presencia de los guías alpinos, héroes de sus lecturas montañeras, expone tímidamente sus deseos de subir al Mont Blanc. Ya tiene 24 años, pero su aspecto aniñado hace que, de mano, le pidan que muestre el permiso paterno. Aclarada la edad, toca
resolver otro problema: encontrar material adecuado a su talla. No había crampones de su medida y tuvo que arreglarse con otros un poco más grandes que, a pesar de ser ajustados al máximo, le iban a dar serios problemas. El caso del piolet fue aún peor, porque no hubo solución posible: ¡todos eran demasiado altos! Alguien de la oficina apareció entonces con un bastón de madera, el que vemos en la fotografía de cumbre, y con él inicia la aventura.
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Descansando en Gouter

La ruta que elige el guía es la que comienza en el Nido de Águila, la estación superior del tren cremallera que parte de Les Houches, una ruta que sigue siendo la normal hoy día. Allí comienza el ansiado ascenso hacia las alturas que la lleva primero a Tête Rosse (en cuyo refugio almuerzan) y le permite contemplar, arrobada, la impresionante pared blanca de la Aiguille de Bionnassay, representación del mundo de alta montaña glaciar que ella tantas veces ha admirado en libros y revistas y que, ahora, por primera vez, se hace realidad ante sus ojos. Duermen unas pocas horas en el Refugio de la Aiguille du Goûter y a las tres y media de la madrugada salen hacia la cima. No hay
nadie por delante, ya que son los primeros en emprender la marcha siguiendo, a la luz de sus linternas, las huellas del día anterior. Todo es nuevo para Isabel y ella se siente feliz, como en un sueño. Pero un poco antes de coronar el Dôme du Goûter, algo la sobresalta: se ha soltado el crampón izquierdo. En el Refugio Vallot, una auténtica cámara frigorífica, el guía se detiene e intenta arreglarlo para asegurar que no dé más problemas. Y continúan hacia arriba.

Seguramente en todo este tiempo el guía va observando la firme progresión de la chica y, aunque ella no fuese consciente de estar siendo sometida a un examen, parece que sí lo hubo y que Isabel lo superó satisfactoriamente: en la Arista de Les Bosses, cuando aún no han alcanzado la cumbre del Mont Blanc, el guía le sugiere alargar la excursión continuando por la ruta de los Cuatromiles. Es decir, además del Mont Blanc, le propone conquistar el Mont Maudit y el Mont Blanc du Tacul. Pero antes hay que conquistar el primero, el más alto, una cumbre que parece no llegar nunca y de la que aún la separa una arista cada vez más inclinada, en la que ya se atisban los impresionantes abismos de la vertiente italiana. Isabel intenta no pensar en ello y no da muestras de ninguna debilidad, sino que sigue ascendiendo como una autómata hasta que nota que la pendiente de la arista disminuye, luego se hace horizontal, y un poco más allá parece descender ligeramente... ¡Ha alcanzado la cima de Los Alpes!
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En la cumbre del Mont Blanc

Todo su cansancio desparece en un instante, sintiéndose la mujer más feliz del mundo. A partir de allí, la travesía de los Cuatromiles continúa hacia el Mont Maudit, donde le esperan los pasos más delicados. Isabel no sabe por qué, pero está inquieta y presiente que algo malo va a suceder. En la arista de ascenso desde el Col della Brenva al Mont Maudit una inclinada placa de hielo brilla intensamente al sol. El guía la ataca de frente, clavando con fuerza todas las puntas de sus crampones e Isabel le sigue con decisión. Pero, de pronto... ¡se suelta otra vez el crampón izquierdo! Sin él, la chica cae y se desliza por la pendiente helada arrastrando con ella al guía, que no esperaba el tirón. Afortunadamente, una masa de nieve profunda les detiene unos quince o veinte metros más abajo y los únicos daños son algunos pequeños desgarros en la ropa y una herida poco importante en el brazo de la muchacha, al clavarse uno de los crampones del guía. Curiosamente, después de la caída Isabel se tranquiliza por completo: considera que lo malo que presentía ¡ya ha pasado!

La travesía continúa por el Mont Blanc du Tacul, donde la inmensidad de la Valleé Blanche la deja maravillada. La vista le parece tan hermosa o más que desde la cumbre del Mont Blanc, ya que estando en lo más alto la grandiosidad de la cordillera se veía lejana, mientras que ahora, desde este punto, tiene la sensación de estar envuelta por el paisaje, de formar parte del mismo.

Aquella asombrosa jornada de agosto de 1952 prosigue cruzando y bajando la enorme extensión blanca de la Vallée Blanche, atravesando luego una ladera rocosa para llegar al Refugio Requin y siguiendo más tarde, de nuevo sobre hielo, por la Mer de Glace hasta la estación de Montenvers, a donde llegan justo a tiempo de tomar el último tren de regreso a Chamonix. Han descendido nada
menos que 3.000 metros, en los que no han faltado saltos por encima de grietas pavorosas. Cuando sube al tren, la blanca cumbre del Mont Blanc todavía está iluminada por los últimos rayos de sol pero el valle ya está envuelto en la oscuridad. ¿Cuántas horas de concentración y esfuerzo a lo largo de pendientes heladas, delicadas aristas e incómodos glaciares representó aquel itinerario? No es exagerado suponer que tuvieron que ser más de quince. Sin embargo, ahora, al hacer repaso de todos los días pasados en la montaña, Isabel recuerda aquella jornada como la mejor de su vida alpinista, como el día en el que (a pesar del crampón izquierdo) todo fue perfecto.


Los Picos de Europa
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En el Pico Santa Ana oriental

Como socia del club Peñalara, cuya presencia en los Picos de Europa ha sido constante desde el principio del siglo XX, Isabel pronto tuvo oportunidad de familiarizarse con estos macizos. Y, naturalmente, sus objetivos no fueron menores. En 1953, además de subir el Torrecerredo, La Párdida, los Picos de Santa Ana, Peña Vieja y otras cimas importantes, alcanzó el Naranjo de Bulnes
por la vía Sur Directa, formando parte de una cordada de cuatro escaladores (dos hombres y dos mujeres, Isabel y Julia Sixto Polo). Con esta escalada, las dos chicas pasaban a ser la novena y décima mujer que conquistaban el Urriello, siendo Isabel la primera asturiana.
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En la cima de Peña Santa

No fue ésta su única actividad destacada en los Picos de Europa ya que, en ese mismo año, y de nuevo junto a Julia y otros amigos, Isabel subió a la cima de Peña Santa por la vía que en 1935 habían abierto Cuñat, Casquet y Villaroel en la imponente cara sur. Este itinerario alcanza la cresta en el punto denominado Brecha de los Cazadores y desde allí continúa por la muy afilada arista oriental, obligando a efectuar numerosos destrepes y algún rápel. Isabel y Julia fueron las primeras mujeres que recorrieron dicha vía.
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Campamento en Vega Huerta



El Cervino y la Cima Grande de Lavaredo

En el mismo año (1953) de la vista a Picos de Europa, la alpinista Isabel Izaguirre tuvo otros éxitos importantes. Aquel verano, la Sociedad Peñalara organizó una excursión en autobús a los Alpes Italianos y entre los puntos elegidos para acampar estaba la localidad de Breuil, situada al pie del Cervino. El Cervino, la montaña más bella de Europa... ¡Un sueño para cualquier alpinista! Dos componentes del grupo formaron cordada, decididos a intentar la escalada de tan impresionante pirámide. Pero había otros dos, Isabel y un joven llamado Rafael Lluch, que también anhelaban subir, si bien, ante una montaña tan inmensa y desconocida para ellos como el Cervino, no se sentían
tan seguros como para hacerlo solos. Los dos jóvenes deciden contratar un guía, servicio cuyo coste en 1954 constituía una pequeña fortuna: dos mil pesetas. Isabel aún recuerda el nombre del guía, Bruno Bich, y cree que era bisnieto de Jean-Baptiste Bich, uno de los componentes de la primera ascensión italiana al Cervino, la liderada por Carrel en 1865, en la que se alcanzó la cima solo tres días después de la trágica primera del grupo de Whymper.
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En la cumbre del Cervino

Isabel, con gran coraje, también llegó a lo más alto, pero lograr este sueño fue duro, ya que las vías del Cervino son extraordinariamente largas y el tiempo no acompañó: ¡durante la subida hicieron frente a tres tormentas sucesivas! La ruta italiana de ascenso discurrió por la llamada vía del León y el descenso, que le pareció interminable, tuvo lugar por la arista Hörnli de la vertiente suiza. Pernoctaron en el Refugio Hörnli, en la base de esta arista, a donde llegaron felices pero muy, muy cansados. Y a la mañana siguiente han de levantarse muy temprano para emprender la larga marcha hacia Cervinia atravesando el Collado Breuil. ¿A qué vienen tantas prisas? Sólo lo descubre cuando llegan a Cervinia: es el 15 de agosto, Fiesta de los Guías Alpinos, y Bruno no quiere perderse ni la misa ni los otros actos, todos tan vistosos, que se celebran aquella mañana y en los que los guías son precisamente los protagonistas.

Por si fuera poco éxito la ascensión al Cervino, en la misma excursión a los Alpes Italianos los peñalaros visitan Las Dolomitas e Isabel redondea su currículo montañero escalando nada menos que la Cima Grande de Lavaredo.
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Isabel en su madurez, charlando en Bulnes con la tía Carmina

Poco tiempo después de realizar todas estas actividades, Isabel contrajo matrimonio y comenzó una etapa en la que crió cuatro hijos. La escalada, una actividad demasiado exigente, ya no será compatible con esta nueva vida de familia y ha de ser abandonada para siempre. Pero Isabel no abandonará la montaña, ya que nunca dejó de participar en las actividades de su club, de las que disfrutó llevando a ellas primero a sus hijos y más tarde a sus nietos. Y aún ahora, junto a otros veteranos peñalaros, viaja cada año a los Picos de Europa y es feliz asomándose a la Garganta del Cares, admirando las bellezas de Valdeón, o contemplando el Naranjo desde la distancia. Necesita este contacto con las montañas porque, como ella misma confiesa, la montaña es uno de los pilares fundamentales sobre los que se ha asentado su vida.

Caldas de Luna, 24 de junio de 2016
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Re: Isabel Izaguirre, alpinista pionera

Mensaje por Jpicallo » Mié Ene 22, 2020 4:00 pm

Gracias por el reportaje, me ha encantado

Sirvillo
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Re: Isabel Izaguirre, alpinista pionera

Mensaje por Sirvillo » Jue Ene 23, 2020 10:40 am

Una preciosidad de relato y una gran suerte encontrar todavía a estas personas por la vida y por las montañas.
Muchas gracias Elisa!

elisa
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Re: Isabel Izaguirre, alpinista pionera

Mensaje por elisa » Vie Ene 24, 2020 12:21 pm

Muchas gracias, Jpicallo y Sirvillo, por vuestras palabras: ¡alegra mucho saber que esta historia os ha gustado!

Aprovecho para añadir los reconocimientos que Isabel Izaguirre ha recibido:
  • Miembro de Honor del GAM.

    Medalla de Oro al Mérito Social (Sociedad Peñalara)

    Homenaje del Grupo de Alta Montaña de Peñalara (del cual es Miembro de Honor) por su permanencia de más de 50 años

    Trofeo Teógenes por su trayectoria deportiva y humana.

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Re: Isabel Izaguirre, alpinista pionera

Mensaje por Jpicallo » Vie Ene 24, 2020 7:04 pm

Muchas gracias Elisa.

Además leer la historia de este tipo de personas motiva un motón, también emociona.

Un abrazo

J.A.P.
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Re: Isabel Izaguirre, alpinista pionera

Mensaje por J.A.P. » Mar Mar 03, 2020 8:23 pm

Claro que nos gusta, otra joya mas para el foro. Muchas gracias Elisa.

Saludos

ricardo1000
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Re: Isabel Izaguirre, alpinista pionera

Mensaje por ricardo1000 » Mié Mar 04, 2020 10:56 am

Hola
Estupenda Crónica Elisa .Muchas gracias por la información
Un saludo

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