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Historias de Prada (Valdeón)

Publicado: Sab Ago 24, 2019 9:48 am
por Ramón Sordo Sotres
HISTORIAS DE PRADA (VALDEÓN)


El 8 de setiembre de 1989 Gerardo Lozano González, entonces de 88 años, nativo y vecino de Prada [uno de los seis pueblos del concejo de Valdeón, integrados junto a Caín y Santa Marina en el municipio de Posada de Valdeón] me relató estas historias:

Caín y Santa Marina eran señoríos, el de Caín de un señor distinguido y el de Santa Marina de carácter religioso, los prebostes de las órdenes acudían a pasarse el verano y por ello se inició lo de Santa Marina.
Este [el de Valdeón] sin embargo fue concejo real hasta 1836. Se compone de Soto, que es Soto y Caldevilla, y de Posada que son Cordiñanes, Los Llanos, Prada y Posada. Los seis pueblos forman el concejo y no tienen distribuidos los terrenos, que son de todos.

El sistema ganadero local era "de veceras", no el de ir cada uno con sus ganados como en Arcenorio [Ponga] o como en Caín, donde, igual que en Asturias [la Asturias del norte], cada uno cuidaba las suyas.
Los Llanos, Prada, Posada, todo veceras tenían, pero el de Cordiñanes era un sistema más parecido al de Caín que al de aquí, tenía alguna vecera para las vacas [según Cecilio Guerra Redondo, de Cordiñanes y de 75 años entonces, 12-10-1989, cuando había mucho ganado hacían algo de vecera, había temporadas que se abren, veceras, y en las otras cada uno lo suyo y el resto de Valdeón como en Cordiñanes pero más porque es más gente y dura más el estar libres de ir con el ganado].
En Santa Marina, aunque tenían veceras, por la tarde iban a ordeñarlas, dormían allá y por la mañana las ordeñaban y se venían para el pueblo, era un sistema mixto (no quedó muy claro si esto era costumbre general en Santa Marina). Los de Cordiñanes no iban a ordeñar, que eso ya quedaba lejos.

Eran más los vecinos de Prada que tenían hórreos que quienes no los poseían.

En Prada la fiesta era el día de Santa Eulalia, que era la patrona de aquí, y el día de Nuestra Señora de Corona, que lo es del concejo.
Un buen año llegó una sequía feroz e hicieron voto en concejo de subir la imagen y decir un novenario, un año en Soto, que es parroquia de San Pedro, y otro en Posada que lo es de Santa Eulalia.

Jóvenes de 15 a 25 años bailaban el pericote, la jota, el corro (en redondo cogidos de la mano), [bailes] sueltos y el menudito, que era por parejas y, [comentó], como es el corricorri en Cabrales, eran parecidos. Tocaban la pandereta.
Cuando salían de ronda cantaban y relinchaban [el conocido grito ijujú]. Los relinchidos (que los daban los hombres, pero también las mujeres) también los proferían cuando bailaban pero no de ordinario.
Otras costumbres eran el antroido [Carnaval], las cencerrás [a un viudo que se volvía a casar] y los aguinaldos, en los que se iba por las casas buscando dinero y cosas de comer, que el fin de año se reunían los mozos para comer lo que habían sacado. Los pedían varones solos, chicos jóvenes, "cantamos o bailamos o hacemos la paleta o rezamos...".
Donde vivía una chica le ponían un ramo por San Juan, en el tejado principalmente. Era de tejo, le parecía, de laurel no, si no era de tejo hubiera sido de acebo.

Para ser mozos había que pagar unos derechos, lo mismo [ellas que ellos], y si no los había pagado pues no les ponían el ramo, entonces el novio lo colocaba por su cuenta y se armaban jaleos.
El impuesto no era para poner el ramo (para colocar este no había que pagar), había una especie de organización y para pertenecer a ella en algún otro pueblo, aquí no, los que venían a cortejar tenían que pagar la convidada, eso pasaba en Liegos (narró una historia de uno que se negó y le ataron los pies a un puente), en Valdeón y Caín.
Enramaban de noche, después que se acostaran. En Arcenoriu con un ramo bastaba porque estaban todas en una choza, en una caseta.
Por San Juan también se cogía alguna hierba medicinal.
Ramos para el día de Navidad lo hacían las mozas [solteras] por cuestiones religiosas, que tejían manzanas colgadas y luego iban cantando que “tantas manzanas llevamos, unas para el cura y otras para el mayordomo y otras para nosotros que los hemos adornao”. Era un ramo adornado con flores de papel y en él llevaban velas.

El mayo era un árbol derecho de unos 18 o 20 metros de alto, que se elevaba junto a la casa del mozo que cantaba misa —antes de que la cantara— y después estaba allí mucho tiempo. Por lo general era de haya, lo llevaban los mozos de la misma edad aproximadamente que el misacantano, entonces cantaban solteras y casadas, además se untaba el tronco y después se subía por él —se colocaba una rosca—, chicos siempre [pero según José Miguel Guerra, de Soto, 7-9-1989, y Juliana García, de Caldevilla, 12-9-1991, Narda [Bernarda], que era de Prada, se puso un pantalón y trepó por el mayo plantado para el cura].
Por otros motivos no: al alcalde [agasajado con estos árboles en otras tierras] se le obsequiaba yendo a buscarle cuando hacían la elección y acompañándole a su casa y que convidara a la gente, y le iban los partidarios.

En Guipúzcoa [donde Gerardo trabajó de secretario] cuando se moría alguien lo sacaban a un cruce de caminos, para que las brujas se marcharan y como había varios caminos, no acertaran a volver.

[A Pelayo] lo coronaron en Corona, aquí estuvieron en Corona y allí fue donde sucedió. Dicen que hay un tesoro escondido en Corona.
Entonces no había relojes, regía el cantar del gallo, se reunieron y acordaron estar dos de cada municipio, de cada concejo, reunidos, y partir dos distintos de cada sitio: de Valdeón a Oseja y con Burón y con Boca de Huérgano y con Camaleño y con Asturias, dos de Cabrales iban a Valdeón y dos de aquí a Cabrales, [pero en Valdeón] una vieja que tenía varios gallos emborrachó uno, ‘que se va a dormir’, ‘no, como tengo varios’.
Y cantó antes y por eso pudieron coger más, porque el cálculo era que se encontraran en las cúspides de la montaña.

En la guerra de la Independencia o la Carlista [no quedó claro cuál] en Prada en esta casa de al lado quemaron el registro civil, mi abuelo era secretario y tenía los libros en casa.

El traje antiguo consistía en sayal, estameña, sábanos [sábanas] y camisas de lino, calzoncillos de lienzo, fajas, madreñas, faldas hasta los tobillos, pañuelos de tonos oscuros a la frente; escarpín un calzado bajo y chapín otro alto, mantas (o tapabocas), el palo un poco menos que la altura del individuo; funcionaban 2 o 3 telares, en Prada uno, y una pisa [batán] en Los Espejos.

A un señor de Soto de una bofetada le quitó la nariz un oso.
En Retuerto hirieron a un oso en las manos, le cogió Pedro Canal. Y [un segundo] con un hachazo mató al oso pero lo mismo podía haber matado al otro, que le tenía abrazado sin que le pudiera hacer daño porque tenía las dos manos heridas.
Esta manera de cazar, con uno que lo agarraba por delante y otro lo acuchillaba por detrás, la podemos leer en Leyendas, cuentos y tradiciones, María Josefa Canellada, Gijón, 1983, páginas 78 y 79.

Ramón