No esperaba yo llegar a 2025 y tener que continuar peleando con el proyecto Dosmiles de Picos, pero aquí estamos.
La historia que nos ha llevado a ascender esta cumbre creo que no me corresponde a mí contarla. Mejor que se encarguen esas mentes inquietas que han escudriñado sin descanso mapas y colecciones de fotos, escarbando en todos y cada uno de los rincones de nuestros queridos Picos.
Yo me limitaré a decir, después de haber estado allí, que se trata de una cumbre con mayúsculas y que con ella volví a recuperar la ilusión y la emoción de los últimos años del proyecto. Emoción y ansiedad por descubrir si la línea que has imaginado es o no practicable y que en ocasiones puede llegar a hacerse insoportable.
Principios de Junio: no aguantamos más. Hemos pasado una parte de la primavera elucubrando con la nieve que encontraríamos en la evidente canal oblicua de la cara O que nos parece la mejor alternativa para ascender. Elegimos el domingo para evitar la Traveserina que se celebra el sábado. Si nos equivocamos con la canal, el plan B es unirse a la ruta “El Pumasillo”, abierta por Andrés Villar en el verano de 2013. Añado la reseña de esta ruta y la de nuestro recorrido al final del reportaje.
Madrugón para intentar encontrar aparcamiento en Pandebano, que mereció la pena. Tengo que reconocer que Helio tenía razón. Mi pesimismo era total, aunque estábamos convencidos de que ese día lo intentaríamos, aunque fuera desde las mismas vegas.
Agradecemos la sombra en el camino y nos plantamos a la entrada de la Celada mejor de lo que yo esperaba. La verdad es que llevamos el material justito para que la mochila pese lo menos posible, aunque no hemos renunciado a la doble cuerda, pensando en los rapeles de bajada. Y es que posiblemente no descendamos por donde lo hizo Andrés Villar.
La primera imagen del objetivo no anima mucho. Está aún a la sombra y eso suele generar, habitualmente, una visión negativa (al menos a mí me pasa). Calculábamos que sobre las 11:45 podríamos empezar a tener el sol sobre la canal oblicua, pero hemos llegado temprano. El punto positivo es que no parece haber nada de nieve en la misma. El aspecto de la canal en Mayo, cuando hicimos el primer reconocimiento de la entrada a la ruta, era completamente diferente.
Aprovechando la sombra bajo la cumbre principal, nos ponemos al pie del primer tramo de la canal. Hace un día estupendo, aunque eso normalmente suele ser sinónimo de calor. Queda un estrecho nevero residual en la canal, pero el espolón de roca de la derecha permite ascender sin pisar nieve.
Dejar las mochilas nos da alas y llegamos rápidamente a la estrecha horcada que abre las puertas a la parte central de la pared.
Recorriendo una repisa horizontal hacia la derecha (donde estaría la segunda reunión de la vía “El Pumasillo”) damos vista a la parte superior de la canal. Nada de nieve, aunque a primera vista parece que ese tramo ya va a requerir encordarse. Y lo hacemos más o menos a la altura del punto marcado en la foto.
Un primer paso de entrada (III+) permite continuar sin problemas unos 10 metros sin demasiadas posibilidades de aseguramiento. A partir de ese punto, en vista de que las cosas siguen igual o peor, decido salir de la canal hacia las gradas de la izquierda (paso vertical que se puede asegurar malamente).
Reunión en la zona de gradas. Al lado izquierdo de la misma, en un bloque bastante evidente, montaremos al bajar el tercer y último rapel.
Helio saliendo de la canal. El día es estupendo y en contra de lo que pensamos al principio la sombra es nuestra aliada.
En la segunda reunión, casi en la vertical de la evidente grieta que presenta el mogote cimero.
En el segundo largo el terreno de gradas permite ascender casi por cualquier sitio.
Todavía en sombra, acometemos nuestro tercer largo. A falta de otra solución más evidente, vamos a escalar el último largo de la ruta de Andrés Villar.
Después de superar el paso más complicado del largo (un IV bastante apretón), con el optimismo de que ya nada debería detenernos.
Helio saliendo de la grieta a terreno soleado. Esto está hecho.
Desde la reunión (un buen bloque lazado) unos pocos metros sencillos llevan a la cumbre.
Vistas espectaculares.
Y rostros de satisfacción.
En un gran bloque, en dirección a la horcada con la cumbre principal del Carnizoso, encontramos el rapel utilizado por los pioneros. Quizá rapelaron en esa dirección porque su intención era conseguir la integral de las dos cumbres. Nosotros en cambio, elegimos descender por terreno conocido. Además, eso nos permitirá ver la parte alta de la canal que abandonamos en el primer largo.
Helio en la R2 después del primer rapel.
El puente de roca que protege el paso más complicado del largo final. En realidad es una piedra empotrada, lazada con un cordino más viejo que el hilo negro. Además, cuando llegas a chaparlo, ya has pasado lo peor.
Segundo rapel que nos lleva a la R1. Al principio del mismo, aprovechamos para mirar la parte superior de la canal. Un embudo bastante feo y repleto de piedras suspirando por sucumbir a la ley de la gravedad. Mal terreno para subir o para bajar. Definitivamente, nuestro recorrido parece lo más recomendable.
Y, finalmente, el espectacular tercer rapel, que nos lleva de regreso a la vira horizontal. Lo que puede hacer una buena foto.
Aunque nos queda un destrepe delicado, casi podemos ya dar la aventura por concluida.
No encontramos ni rastro del rapel que en su momento realizaron los aperturista. Ni ahora, ni en Mayo cuando estuvimos de reconocimiento.
Dicho todo esto, yo ya no me atrevo a asegurar que este sea el último 2000 de Picos que descubrimos. Quien haya seguido un poco el tema durante estos últimos años, entenderá perfectamente porqué lo digo.
Esperamos que os resulte interesante el reportaje. Desde luego a nosotros la aventura nos dejó un gran sabor de boca.
Saludos a todos y hasta pronto.
