Revisión de dos ascensiones pioneras (Parte I)

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elisa
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Revisión de dos ascensiones pioneras (Parte I)

Mensajepor elisa » Vie Nov 24, 2017 4:24 pm

El texto que se reproduce a continuación corresponde a un artículo publicado recientemente en la Revista Peñalara (nº 561, III Trimestre, 2017). En él se revisan dos ascensiones pioneras en los Picos de Europa: la de Casiano de Prado y su grupo (1856, Torre del Llambrión) y la de John Ormsby y Eusebio (años después, a una cumbre desconocida). De la revisión de la primera surgió un detalle que nos había pasado desapercibido hasta ahora: Casiano de Prado subió al Llambrión desde la vertiente norte, como ya sabíamos, pero descendió por la ladera sur. Curiosamente, este dato abre nuevas perspectivas a la hora de interpretar cuál fue la cima alcanzada por Orsmby.

He tenido dudas acerca de dónde colocar este texto, si en “Actividades en Picos” o en “Literatura de montaña”. Finalmente, puesto que lo que aquí se cuenta es el análisis sobre el terreno de dos ascensiones importantes, supongo que este es el subforo adecuado.

Ojalá os guste…

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ASCENSIONES DE CASIANO DE PRADO Y JOHN ORMSBY EN LOS PICOS DE EUROPA: CERTEZAS E INCERTIDUMBRES
J. Longo, E. Villa y J. Wensell


Las ascensiones antiguas a cualquier macizo o cordillera atraen nuestra curiosidad. Este interés se acrecienta cuando se trata de la primera conquista de una cima, ya que entonces la aventura trasciende lo meramente anecdótico y se convierte en un hecho con relevancia histórica. Casiano de Prado, buscando en 1856 la cima más alta de los Picos de Europa, alcanzó por primera vez el Llambrión, y el británico John Ormsby, intentando repetir la ascensión del español, coronó años más tarde otra cumbre cercana, pero desconocida. En este artículo se intenta clarificar la ruta precisa al Llambrión seguida por Casiano de Prado, al tiempo que se discute cuál pudo ser la cima alcanzada por Ormsby.

Una revisión del relato de Casiano de Prado

La subida del geólogo Casiano de Prado a la Torre del Llambrión en 1856 es la segunda ascensión documentada a una gran cima de los Picos de Europa (la primera, a la Torre de Salinas, ocurrió en 1853 y fue obra del mismo científico). Años más tarde, publicó un magnífico artículo (1860, Revista Minera, tomo IX) que permite seguir a grandes rasgos su itinerario, conocer las vicisitudes por las que pasaron y saber que el equipo estaba formado por siete hombres, si bien Casiano de Prado sólo identifica a su ayudante, el ingeniero Joaquín Boguerín.

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Casiano de Prado ascendió en 1856 a la Torre del Llambrión por este gran circo, el Jou Tras Llambrión, situado en su vertiente nororiental. En el siglo XIX todavía existía en él un pequeño glaciar.

En la mañana del 12 de agosto de 1856, los componentes del grupo partieron de la Vega de Liordes y, pasando por los Tiros de Casares y la Collada Blanca, llegaron al Jou Tras Llambrión, donde se encontraron con una dificultad inesperada: aquel gran circo estaba cubierto de nieve helada (en la época existía un pequeño glaciar, todavía mencionado por Gustavo Schulze a principios del siglo XX). Casiano de Prado, temiendo que alguien se deslizase de manera incontrolada por aquella larga pendiente, ordenó que se tallaran peldaños en el hielo. Los problemas no acabaron ahí, sino que cuando ya se encontraban “bastante cerca de la cumbre, comenzaron las mayores dificultades de la jornada. Los instrumentos pasaron de mano en algunos puntos y hubo que subir y bajar como por paredes, para lo cual tuve que descalzarme”. Este párrafo sugiere que, probablemente buscando la zona del Llambrión que les parecía más accesible, se habían ido desplazando hacia la parte derecha del jou, lo que les llevó al Tiro Callejo. Desde aquí recorrerían la larga cresta que conduce a la cima, no exenta de algún paso delicado.

Tras varias horas dedicadas a efectuar mediciones y a la contemplación, inician el descenso: “A las tres de la tarde emprendimos la bajada por el camino más corto”, escribe. En interpretaciones anteriores, esta breve frase nos había hecho pensar que, al advertir la existencia de la chimenea que desde las proximidades de la cima baja directamente al Jou Tras Llambrión, Casiano de Prado y los suyos habrían elegido esta vía, más corta y fácil que la de la cresta norte, para llevar a cabo el descenso. Dicho de otro modo, “por el camino más corto” fue interpretado como el camino más corto para abandonar la cresta y volver al Jou Tras Llambrión.

Es curioso constatar que un lector puede consultar un texto numerosas veces y no captar su significado real. Algo así ocurrió con el relato de Casiano de Prado, en el que un dato fundamental ha pasado desapercibido durante años: los componentes del grupo de Casiano de Prado se acercaron al Llambrión por su cara nororiental (el Jou Tras Llambrión) pero no descendieron por ese lado, sino que lo hicieron por la vertiente sur.
Esta conclusión deriva de una parte anterior del relato de Casiano de Prado, cuando hace alusión a las primeras horas de aquel 12 de agosto: “Ya el sol doraba las crestas cuando me puse en marcha con toda la cuadrilla (...). Por la falda del Sur se iba en el menos tiempo, pero la subida a lo último es terrible, según había visto anteriormente, aunque no haya que pisar nieve en ningún punto (…). Resolvimos pues efectuar la ascensión por la umbría, aunque el camino es bastante más largo”.

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Afloramiento de calizas negras, las rocas bituminosas que recuerdan el carbón y que en 1856 llamaron la atención de Casiano de Prado. Al fondo, la Torre de la Palanca.

Al releer este párrafo, caemos ahora en la cuenta de algo obvio: el camino de la ladera sur, por el que “se iba en el menos tiempo”, y el “camino más corto”, por el que dice que bajaron, eran lo mismo. Casiano de Prado, una vez conquistada la cima del Llambrión, decidió regresar por la ladera sur, que no sólo era la ruta más corta, sino una en la que no iban a encontrar nieve. Y probablemente fuese este hecho, la ausencia de nieve, el factor determinante: habían comprendido que descender el helado Jou Tras Llambrión era una empresa demasiado arriesgada. Esta interpretación queda reforzada por otro comentario más de Casiano de Prado: “... emprendimos la bajada por el camino más corto, y pude ver entonces las dificultades que ofrece para la subida el último reventón, que es de prueba”. Esta expresión no hace más que confirmar aquello que había observado esa mañana temprano: “la subida a lo último es terrible, según había visto anteriormente...”. Y continúa diciendo: “A su final hallé algunos indicios de carbón en una caliza bituminosa y también multitud de fósiles...”. Entendemos que se refiere al final de esa gran cuesta o reventón que acaba de mencionar, ya que, en efecto, en las proximidades de la Torre de Casiano de Prado existe un afloramiento de calizas bituminosas. No se trata de carbón, pero su aspecto (intenso color negro y brillo graso) es el que, sin duda, ha dado origen al topónimo Torres de las Minas de Carbón. [Según Diego de Mella (Revista Peñalara nº 229, 1933), los habitantes del valle daban este nombre a ciertas torres situadas en la vertiente meridional del Llambrión. Inicialmente, el término comprendería tanto la punta que actualmente conocemos como Torre de las Minas de Carbón como la Torre de Casiano de Prado, bautizada así por el conde de Saint-Saud (publicación del topónimo: mapa de León Maury, 1921)]. Finalmente, otro detalle de su escrito reafirma el descenso por la ladera sur: “Ya a un nivel bastante bajo dimos con un pequeño manantial donde refrescamos…”. Aquí parece referirse a la franja herbosa por la que discurre el camino de Las Colladinas, formada por rocas impermeables que hacen aflorar en diversos puntos pequeños manantiales.

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La cresta que une las torres del Llambrión y de Casiano de Prado vista desde el oeste. La flecha señala el afloramiento de calizas negras.

Aunque no sepamos exactamente cuál fue la ruta seguida, la evidencia de que el descenso de Casiano de Prado se produjo por la ladera sur del Llambrión tiene implicaciones en la interpretación de otra aventura posterior: la vivida por John Ormsby en su intento de llevar a cabo la segunda ascensión a esa cumbre.

La enigmática escalada de John Ormsby

John Ormsby fue un alpinista e hispanista británico (traductor del Quijote) quien, tras recorrer las cordilleras españolas, publicó en el Alpine Journal un artículo que describe a grandes rasgos su orografía. El sector al que dedica mayor espacio son los Picos de Europa, unas cimas que le atrajeron hasta el punto de impulsarle a la conquista de la Torre del Llambrión. Como guía buscó la ayuda de Eusebio, un vecino de Santa Marina de Valdeón que había acompañado a Casiano de Prado en 1856 y cuyo nombre conocemos gracias a Ormsby.

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Vertiente sur de la Torre del Llambrión y las cumbres de su entorno vista desde el Alto de la Canal de Pedabejo

Se desconocen con exactitud las fechas de la aventura. Únicamente podemos decir que tuvo lugar entre 1863 (fecha de publicación del mapa de Coello, que Ormsby manejaba) y 1872, año en el que su artículo apareció publicado. De cualquier modo, la expedición no tuvo el final deseado: tras superar no pocas dificultades, los dos hombres consiguieron llegar a una cima que, para decepción del británico, no era la Torre del Llambrión sino otra muy cercana, separada de este por un abismo. ¿Cuál era esa cima? Ormsby, además de una descripción de la ruta, algo fragmentaria y probablemente subjetiva, también proporciona datos muy concretos, como los referidos a la distancia en línea recta entre ambas cumbres y su diferencia de altura.

A lo largo de los años, estos datos no han servido para determinar qué cumbre era. Algunos piquistas han sugerido varias posibilidades, pero sin gran convencimiento y sin realizar un análisis detallado: el conde de Saint-Saud (1922) se pregunta si sería la Torre de Cerredo, Odriozola (1984, fide González Prieto, 2000) sospecha que pudo ser la Torre de Salinas, y González Prieto (2000) sugiere el nombre del Tiro Tirso. La propuesta más elaborada fue la publicada por Alfredo Íñiguez en 2010 (el lector interesado puede consultar su extenso análisis en la revista Peñalara, nº 534). Tras un reconocimiento de las posibles vías y de su posible compatibilidad con los datos de Ormsby, Íñiguez llegó a la conclusión de que la cumbre conquistada era el Tiro Tirso. Dos artículos más se sumaron a su interpretación: Villa y Longo (Peñalara, 2010) y Villa, Íñiguez y Longo (Alpine Journal, 2013).

Gran parte de esta hipótesis se basaba en la creencia de que Eusebio no conocía más camino a la Torre de Llambrión que el que discurre por su vertiente nororiental y que, por tanto, cuando regresó guiando a Ormsby, se habría aproximado a la montaña por la misma vertiente. Una vez allí, Eusebio, en su afán por encontrar la chimenea este del Llambrión (la supuesta vía de descenso en 1856), se habría arrimado demasiado pronto a las paredes rocosas a su izquierda, lo que habría provocado la pérdida de perspectiva y la posterior confusión: lo que encontraron fue la Chimenea Izquierda del Tiro Tirso.

Por otro lado, un dato del relato del británico también contribuyó a descartar una aproximación desde el sur: Ormsby escribe que, poco antes de coronar la cima desconocida, pueden ver de nuevo, pero ya cercano, el mojón del Llambrión. La primera impresión que, de manera intuitiva, puede tener quien conozca aquellas montañas es que no hay ningún punto de la ladera meridional desde el que eso sea posible: la propia montaña lo impide. Sin embargo, a veces la intuición falla y, como quedará demostrado más adelante, esta es una de esas ocasiones.

Las cifras dadas por el británico respecto a la profundidad de la brecha y, sobre todo, la diferencia de altura entre la cima conquistada y el Llambrión son más elevadas que las que corresponderían al caso del Tiro Tirso, pero ello se atribuyó a exageraciones de Ormsby, quien trataría de justificar así su renuncia a continuar hasta el verdadero Llambrión. Sin embargo, hay otro aspecto en ese relato que también resulta desconcertante: para acercarse a la cara norte del Tirso Tirso los dos hombres habrían tenido que atravesar una pendiente helada, tanto más sombría e inclinada cuanto más próxima a la pared; un problema muy serio del que, sorprendentemente, Ormsby no hace la menor mención.

A pesar de estas dudas o discrepancias, el hecho de que accediendo desde el norte no exista ninguna otra cima que se ajuste mínimamente al relato de Ormsby elevó la hipótesis del Tiro Tirso a la categoría de certeza. Pero el descubrimiento de que Casiano de Prado descendió en 1856 por la ladera meridional y que, por tanto, Eusebio conocía otro camino, obliga a un nuevo planteamiento: ascendiendo por esa vertiente, ¿hay alguna cumbre cercana al Llambrión que se ajuste razonablemente a las especificaciones suministradas por Ormsby?

(Continuará)

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