La aguja de Peña Blanca

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noyar
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La aguja de Peña Blanca

Mensaje por noyar » Mié May 17, 2017 8:56 pm

Desde hace unos años exploro la garganta del Dobra, una zona remota y salvaje donde las haya, con una historia riquísima de vivencias extremas de los pastores que la habitaron. Hasta ahora había repetido recorridos hechos por pastores, pero este reportaje describe un recorrido original con el que aporto así mi granito de arena al conocimiento de la garganta y que me gustaría que sirviera de homenaje a sus gentes.
La garganta del Dobra es abrupta en extremo, pero en opinión de Enri, el pastor de Vis que me ha proveído con muchísima información, hay dos zonas que por su orografía son particularmente peligrosas. Son las laderas casi verticales que dan al río de dos peñas muy próximas a Vis, el Teyeu Solcantu y la Peña Blanca una enfrente de la otra y separadas por un estrechamiento mínimo del río. Sus dos laderas se llaman el Requexu y la Muesca respectivamente y ambas tienen unas historias fascinantes, con cuevas de forajidos, persecuciones a tiros durante la guerra, asesinatos, embarques en lugares imposibles de pastores que intentaron rescatar a cabras y por supuesto de accidentes mortales de algunos de esos pastores. Que ambas hayan sido aprovechadas para el pastoreo confirma la extrema necesidad de los habitantes de antaño de esta zona y me produce una enorme admiración hacia estas personas.
Visto desde la Peña Blanca, el Requexu es una concavidad muy pendiente con algo de vegetación. La razón de su uso para meter cabras es que en esa zona tan abrupta no podía entrar el raposu (zorro), con lo cual los cabritos estaban a salvo.
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Para acceder a estas laderas hay sólo unas cuantas entradas diminutas (o puertas como dicen los de esta zona). La razón por la que su acceso es tan complejo es que ambas laderas tienen en sus extremos contrafuertes rocosos verticales que van desde la cima del pico hasta el mismo río. Los locales les dan un nombre precioso a estos contrafuertes, los llaman renales. La siguiente foto, tomada desde el interior del Requexu, muestra los tremendos renales del lado Norte que impiden el acceso a estas dos concavidades, a la izquierda está el renal del Requexu, y a la derecha, el de la Muesca.
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Necesité cuatro días para lograr acceder al interior del Requexu. Intenté durante dos días encontrar el seu Meleru que da acceso desde el Sur, pero me desesperé buscándolo y fui incapaz de bajar al río o de atravesar el renal. Lo intenté también desde el Norte, desde Vis, donde antaño un sendero te conducía al interior del Requexu, pero aquello es hoy una selva impenetrable y al final otro día tuve que bajar al río, seguirlo aguas arriba hasta el renal, y subir paralelo a éste hasta que encontré la puerta superior, completamente comida por la vegetación. La siguiente foto muestra el pozo que impide a pie el acceso al Requexu desde el río.
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Con las cimas de los Picos de Europa tan próximas, cuatro días entre cotoyas y árgumas parece demasiado esfuerzo para acceder a una zona tan baja y tan próxima a un pueblo, pero a mí me pareció fascinante recorrer las últimas trazas del antiguo sendero que a media altura recorre el interior del Requexu. Como veis en la foto siguiente, se camina al borde del precipicio. Me imagino ésto conduciendo a un rebaño de cabras y me recorre el cuerpo un escalofrío.
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Y si miras para arriba, la cosa no mejora en absoluto. Parece increíble que tuvieran que aprovechar este terreno tan abrupto. ¡Menuda necesidad! Ese día salí hacia arriba como puede hasta la cima del pico esquivando las bandas rocosas.
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De regreso a Vis, una señora mayor me contó una historia terrible de una noche en la que un pariente suyo tuvo un accidente mortal allí mismo hacía muchos años y en cuya memoria se grabó en la roca del Requexu una cruz.
Para entender mejor la orografía del terreno, en la siguiente foto, tomada desde la puerta superior del Requexu se puede ver la estrechura de la garganta del Dobra, donde las laderas de la Muesca y del Requexu prácticamente se tocan. A la izquierda está la ladera de la Muesca y a la derecha la del Requexu.
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En la otra margen del río, justo en frente aparece la impresionante concavidad de la Muesca, un laberinto de paredes que parecen impenetrables. Por encima de la concavidad de la Muesca, la Peña Blanca, presenta una zona de pendientes suaves en la que existe una cueva, llamada la Hedrada.
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La Muesca también tiene una cueva, llamada cueva la Muesca y donde se refugiaban pastores y cabras. El acceso a la Muesca, se puede realizar por dos entradas de muy difícil acceso.
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En la zona alta de la Peña Blanca, por encima de la Muesca, donde está la cueva de la Hedrada, la pendiente es suave y en invierno la nieve se acumulaba impidiendo el pastoreo. En cambio, en la Muesca, al ser un terreno casi vertical los pastores guardaban cabras en invierno porque cuando nevaba a cotas bajas, la particular orografía de este terreno era tal que apenas se acumulaba la nieve (se deslizaba al río) y porque además sus dos entradas eran muy fáciles de cerrar para evitar que las cabras escapasen.
En la parte inferior de esta concavidad hay un pedrero estrecho que acaba en un salto vertical de 30 metros ya muy próximo al río y por donde desagua el agua de lluvia recogida en este cuenco. Este salto impedía que las cabras encerradas en la Muesca se escapasen por el río.
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La primera vez que me adentré en la concavidad de la peña Blanca, entré por la puerta cimera del renal Norte. Esta entrada se llama la Muesca. Vista desde atrás, desde la vertiente de Següenco, se entiende muy bien el origen de su nombre, ya que es una hendidura muy llamativa en el espolón rocoso.
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Llegar a la Muesca desde Ñajuentes es sencillo, pero cuando de repente te asomas a la ladera que da al río, es imposible no hacerse cruces al observar el terreno que hay que bajar para alcanzar la cueva.
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Tuve que bajar mirando de cara a la pared y usando las manos para llegar a la cueva. Me pareció insólito que antaño fuera recorrido por cabras y pastores. La siguiente foto muestra una bonita perspectiva de la zona donde se encuentra la cueva, debajo de esa mole de piedra gigantesca.
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La diminuta cueva, que destaca por una enorme yedra colgante, tiene un suelo como el de sus aledaños, es decir muy inclinado. Me quedé perplejo imaginándome a los pastores durmiendo junto a sus cabras en este inhóspito rincón, pero unas iniciales grabadas en la roca así lo demuestran.
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Desde la cueva hacia abajo, el terreno sigue siendo muy pendiente, como se observa en la siguiente foto saliendo de la cueva.
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Descendí un tramo y llegué hasta una zona menos pendiente donde seguro pastaban las cabras. Intenté continuar bajando a ver si era posible acercarme al río pero al poco tiempo una llera bastante vertical me lo impidió.
De regreso a la cueva miré en dirección Sur y vi algo que me llamó poderosísimamente la atención. En frente de la cueva y a su misma altura, justo en el centro de la concavidad de la Muesca hay una guapa torre. Del collado sito a su izquierda surge una larga canal estrecha que muere en un alto collado protegido a su derecha por una esbeltísima aguja. Esta aguja desde aquí parecía estar situada en el renal opuesto y desde el collado a su izquierda parecía haber paso a la ladera superior y mas tumbada de la Peña Blanca, justo en el sitio donde se encuentra la cueva Hedrada. Nunca antes había visto esta aguja porque desde el otro lado del río aparece empastada contra los muros más altos del renal Sur de la Muesca, pero vista desde aquí, se distingue perfectamente al quedar recortada contra el cielo.
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De regreso a Vis, fui a ver a uno de los últimos pastores del Dobra y sin duda alguna de los más atrevidos, Enri, quien ha hecho cosas asombrosas en la garganta como el paso de la Jelguerosa, el saltu de la Trana de Segurbión, la riega de Timarro, etcétera y mantuvimos la siguiente conversación:
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“Enri, vengo de un sitio increíble”
”pero bueno hombre, a ver, dime, donde te metistes hoy”
”estuve en la cueva de la Muesca en la peña Blanca y aluciné, tuve que destrepar usando pies y manos para poder llegar a ella, ¿cómo es posible que los pastores bajaseis hasta ahí, estabais llocos”.
…...risas…..,”pero como se te ocurre metete ahí hombre, ahí ya no va nadie”
“ Enri, allí arriba vi algo impresionante, una aguja con un collado a su izquierda que podría comunicar directamente la cueva de la Muesca con la de la Hedrada, ¿tu crees que por ahí hay paso?”
“por ahí no sé, pero un poco más abajo, por el requexu de Desques, se puede ir”
“no me fastidies, ¡el requexu de Desques!, Ballesteros en su libro dice que eso es un paso de suicidas”
…….mas risas….., “de suicidas nada que hícelo yo”
“¿de verdad que cruzastes por ahí Enri?, si tiene que ser horrible de pasar y peligrosísimo”
“pues si, lo hice una vez y pasé muchu mieu y me dije que una vez y nunca más”
“pero por qué lo hicistes, si ahí no podían pasar las cabras”
“pues lo hice porque estaba ahí y había que hacelu”
Esa noche en casa, no paraba de pensar en esta la última frase de Enri. Esas palabras se me quedaron grabadas a fuego en el cerebro y supe que algún día intentaría subir hasta aquella imponente aguja.
¿Sería posible cruzar desde la cueva de la Muesca hasta la cueva de la Hedrada pasando por la esbelta aguja que había visto? De inmediato me puse a estudiar ortofotos en Internet, pero me llevé una decepción tremenda al darme cuenta de que entre esa aguja y la ladera posterior había un hueco con una caída impresionante. ¡Qué lástima, menudo paso que hubiera salido!
Al poco tiempo regresé a la Muesca porque quería investigar si era posible alcanzar el río y conocer el paso que hizo Enri al requexu de Desques. Esta vez entré por la puerta bajera, donde todavía hay restos de los antiguos cierres para las cabras. El entrar por ahí me permitió salvar la llera vertical que me había cortado el paso al río durante mi visita anterior.
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Seguí bajando con intención de llegar al río, pero esta vez, al final del pedrero por donde baja el agua que se recoge en esta concavidad, apareció un salto vertical de unos 30 metros.
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Me asomé al borde mismo, e investigué la posibilidad de destrepar por la derecha e izquierda, pero parecía imposible, una pared a ambos lados del salto por donde corre el agua lo hacía insalvable. Menuda rabia, ya podía oír el río ahí mismo. Desde la base del salto hasta el río habría solo otros 50 metros y ya no verticales. ¡Tan cerca y tan lejos a la vez!, me había quedado con la miel en los labios.
Volví sobre mis pasos, esta vez a investigar el paso al requexu de Desques por el que había cruzado Enri hasta la Hedrada. Para ello subí hasta ponerme a su altura. Es un sitio impresionante.
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Para alcanzarlo hay que subir por encima de él, hasta un collado con una preciosa torre a su derecha situado en el centro de la Muesca. De la que subes puedes ver la torre y por encima y a su derecha la aguja que tanto ansiaba.
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Yo subí incluso más arriba, para tener una buena visual y pude contemplar una maravillosa estampa de esa torre y su collado.
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Desafortunadamente, cuando devolas el collado, la vista de la canal por la que hay que bajar para acceder al requexu de Desques te deja sin respiración ya que se trata de una canal casi vertical que precisa de un destrepe muy delicado para alcanzar un punto desde el que hay que pasar a la otra ladera, la cual a su vez también es muy vertical y mezcla de tapines y roca. Esto es lo que se ve al otro lado del collado y hacia abajo.
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Destrepé bastante por el espolón pero el paso horizontal para cruzar la riega y llegar a la otra ladera me pareció como bien explica en su libro Ballesteros, de suicidas, y ese día me faltó arrendos para intentarlo. En la foto siguiente indico hasta donde destrepé antes de dar la vuelta.
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Con el rabo entre las piernas regresé al collado de la torre y desde allí pude despedirme de la esbelta aguja superior, la cual vista desde aquí me atraía enormemente pero ya no había fuerzas para subir por la larga y estrecha canal hasta ella, además la parte alta de la canal se veía casi vertical desde aquí. ¡Qué lástima que no se pudiera pasar por detrás de esa aguja hasta la ladera de la Hedrada!
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Ese mismo día fui hasta la Hedrada por el camino normal para ver donde había llegado en mi intento por alcanzar el requexu de Desques. La Hedrada es una cueva mucho más amplia y bonita que la de la Muesca como se puede observar. No es extraño pues que los pastores sólo fueran a la Muesca cuando la nieve les expulsaba de aquí.
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Después de observar el punto al que había llegado, de la que subía de nuevo hacia la cueva, miré a la izquierda y ahí estaba de nuevo la esbelta aguja, la cual desde este lado es simplemente majestuosa,
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Como había observado en las ortofotos un tremebundo hueco con una caída impresionante separa la aguja y su contiguo collado de la ladera en la que me encontraba. De repente un escalofrío recorrió mi cuerpo, me tuve que restregar los ojos para creer lo que estaba viendo, a la derecha de la aguja una delgadísima canga verde oblicua colgada sobre el vacío parecía recorrer la pared hasta un arbolillo, como se ve en la foto siguiente (he delimitado el contorno de la aguja para que se distinga de la pared posterior y puesto el arbolillo dentro de un círculo).
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El collado de la aguja está separado de la delgada canga oblicua por un corto salto vertical, pero no podía precisar la dificultad del mismo desde donde me encontraba. La parte oblicua de la canga acaba en un arbolillo y justo ahí la canga cambia de ángulo, volviéndose horizontal aunque bastante inclinada hacia el vacío y llegando hasta la ladera en la que me encuentro. Esta parte horizontal de la canga la podía ver bien, y quitando un estrechamiento en el medio parecía ser factible.
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Me senté un buen rato a contemplar esa maravillosa delgada línea y a imaginarme como sería recorrer esa canga al pie del vacío. Serían unos metros increíbles, un gozo absoluto. Me daba la impresión que la canga oblicua tenía un ángulo escalable pero el salto vertical que la separaba del collado me generaba mucha incertidumbre. Tampoco sabía si era posible alcanzar el collado de la aguja desde la canal. Demasiadas preguntas sin respuesta, así que intenté borrarlo de mi mente.
Pasaron las semanas y no podía dejar de pensar en ello, y así poco a poco se generó en mi cabeza un proyecto que en mi opinión podría ser muy elegante: ¿sería posible recorrer la peña Blanca desde el río hasta la cima pasando por esta aguja? El proyecto tenía tres incógnitas, la primera ¿cómo acceder al río sin tener que nadar, es decir sin atravesar pozas, la segunda ¿cómo superar el salto de la cascada de agua de 30 metros que separa el río del resto de la concavidad de la Muesca?, y por último, ¿cómo llegar al collado de la aguja y recorrer la aérea canga que la conecta con la ladera de la Hedrada?
Me puse inmediatamente a estudiar la parte más problemática del recorrido en una foto panorámica y contemplé atónito que la aérea canga se distinguía perfectamente.
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Y en esta foto de Treparriscos tomada de lado, se ve con más detalle la aguja.
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noyar
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Re: La aguja de Peña Blanca

Mensaje por noyar » Mié May 17, 2017 8:57 pm

Y aquí empieza la segunda parte de esta historia, una visión muy personal de lo que viví el día que intenté llevar a cabo este proyecto.
Muy temprano, ya que sabía que iba a ser un día muy largo, empecé mi intento desde Vis. Para poder llegar a la base de la Peña Blanca sin cruzar pozas nadando sólo hay una solución y ésta no es sencilla. Hay que bajar por la Valleyona, un valle entre dos peñas, el Teyeu Solcantu y el cuetu San Martín, los cuales aparecen en la foto siguiente.
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La primera parte del valle no tiene más dificultad que una vegetación muy espesa, hasta que al llegar a unos 100 metros por encima del río una banda rocosa de unos 15 metros obliga a un pequeño destrepe. Debajo de éste se llega a una zona plana arbolada por debajo de la cual hay un salto vertical que impide el acceso al río. Y aquí está la madre del cordero. En este punto aparecen los restos de un mínimo sendero que discurre por una terraza paralela al río y que conduce aguas abajo hasta que te pegas de frente con el renal del Requexu que es impasable. Son no más de 500 metros de recorrido y en algún punto del mismo existió antaño un tal sedo Meleru, el cual te permitía descender hasta muy cerca del río a través de unas bandas rocosas sitas debajo de esta terraza. En la actualidad no existen trazas del mismo. En el pasado había pasado dos días recorriendo estos 500 metros de ida y vuelta varias veces pero había sido incapaz de encontrarlo. No os imagináis el mal cuerpo que te queda después de malgastar un día recorriendo una y otra vez 500 metros de sendero entre escayos sin resultado alguno y sobre todo después de haber dicho a amigos que no vas de monte con ellos porque tienes que encontrar un sedo. Cada vez que intentaba abandonar el sendero y bajar hacía al río me había encontrado con un salto que me lo impedía.
Hoy era mi tercer día y esta vez no podía fallar, así que recorro estos 500 metros al paso de la tortuga probando infructuosamente una y otra vez la bajada al río. Al cabo de una hora me pego de bruces con el renal, no me lo puedo creer, voy a fracasar de nuevo, con la moral por los suelos me doy la vuelta, pero unos metros más allá me paro y me da por pensar que quizás pegado al renal se podría bajar paralelo a éste. Pruebo allí y efectivamente, poco a poco y con mucho cuidado porque el terreno es muy pindio empiezo a descender. Estoy en una nube, creo haber encontrado el sedo Meleru. En la foto siguiente se ven a la derecha las bandas rocosas y el renal paralelo al cual bajé.
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El sedo Meleru me deposita diez metros por encima del río. Este sedo era usado por los pastores para salvar el renal por su parte inferior y acceder al Requexu por el Sur. Yo en cambio quiero bajar al río para cruzarlo y acceder a la otra ladera. A partir de aquí empieza lo desconocido ya que no tengo referencia alguna. Estoy pegado al río pero debido a la erosión de las paredes del cañón por el que discurre, estos últimos metros son prácticamente verticales así que camino paralelo al río un buen rato hasta encontrar una pendiente canal de roca húmeda en la que crecen algunos arbolillos. Compruebo que sus ramas son flexibles y que no se van a romper cuando me cuelgue de ellas. Me agarro a la parte gruesa de una rama que se dobla al colgarme y voy bajando las manos poco a poco por ella hasta quedar colgando del extremo ya muy delgado de la rama, cuando no puedo seguir, me estiro muchísimo hasta alcanzar una raíz de otro arbolillo y bajo por ella hasta que quedo cerca del cauce, un salto y estoy abajo. ¡Menuda alegría, había necesitado tres días de intentos para alcanzar el río!
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Este es el punto más estrecho de toda la garganta del Dobra. Lo que te encuentras en la otra orilla, las paredes de la Peña Blanca, acongoja y te hace sentirte diminuto ante esta inmensidad.
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Y en la misma orilla, las paredes del Requexu también intimidan. ¡Imaginaros pastorear ahí arriba entre esas peñas y con esa caida!
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Ahora necesito avanzar por el río aguas abajo, el cual aquí no tiene apenas profundidad, en busca de una posible subida a la concavidad de la Muesca. Estar metido aquí abajo entre estos paredones es fascinante. Llego en poco tiempo hasta una poza que me impide continuar.

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Doy la vuelta y regreso buscando una posible subida y acabo por encontrar el desagüe de la Muesca al río. Es un pequeño salto de 5 metros y tengo la suerte de que está casi seco. Con cuidado y la ayuda de unos arbolillos lo supero sin dificultad. Más arriba ya intuyo la cascada que impide el paso a la concavidad de la Muesca y no me genera buenas sensaciones pero ya veré como resolver ese problema cuando toque.
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Después de este resalte, miro para abajo y me despido del río.
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Acometo ahora una zona menos empinada que me acerca hasta la base de la cascada, y en unos minutos me planto debajo mismo de ella y compruebo que está seca. Trago saliva, esto no tiene buena pinta, por ahí no subo. Como no encuentre algún punto débil a lo largo de ese muro, se me acabó la aventura.
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Este sitio debe ser aterrador durante una tormenta, ya que por aquí baja el agua de escorrentía de toda la cuenca superior y las piedras que ésta arrastre. No me queda más remedio que recorrer la base de la pared a ver si hay suerte y encuentro un punto flaco, pero la cosa empeora cuanto más me alejo de la cascada ya que la altura de la banda rocosa vertical crece.
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Regreso a la base de la cascada y contemplo la retirada porque no parece muy sabio intentar una trepada por ahí. Recuerdo que no hace mucho he estado en el borde superior de la cascada y que desde ahí ya podría escapar por la cueva de la Muesca. La prudencia dice una cosa, pero la tentación es enorme ya que sólo son 30 metros.¡Estoy tan cerca! En otros puntos del Dobra he hecho trepadas pero siempre en roca mejor que esta, aquí el agua ha erosionado la roca y las raices de la vegetación la han debilitado. Una ultima mirada, un suspiro y me animo a intentarlo. Escojo una linea a la izquierda de la cascada donde crecen unos alloros (laureles) entre la roca. Estas plantas son una bendición ya que aguantan muchísimo peso, se doblan muy bien cuando te cuelgas de ellas y casi nunca parten. Desafortunadamente también hay plantas espinosas y no queda más remedio que agarrarse a ellas, los guantes protegen bastante pero aún así noto los pinchos. En un momento dado, la cosa se complica y me quito los guantes con los dientes y los dejo colgando en la boca porque necesito el tacto de los dedos desnudos para seguir trepando. Poco a poco voy ganando altura y después de unos metros ya tengo claro, que solo hay una salida y es por arriba, ya que destrepar ahora sería más arriesgado que continuar. Parezco Tarzán ya que voy de tallo en tallo. De vez en cuando me ayudo de grietas en la roca. En un momento dado, no me queda mas remedio que retorcerme como una lagartija para atravesar matas llenas de pinchos sin soltar los alloros. He destrozado la camiseta y estoy sangrando en varios sitios. Y por fin llego a la parte alta de la cascada, ¡que pasada, estoy en una nube! Miro para atrás y veo el salto que he superado y ya apenas distingo el río ahí abajo.

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Estoy encantado porque si incluso más arriba no soy capaz de subir por la aguja de mi planeado itinerario, por lo menos podré salir por la Muesca y así conseguiré atravesar la Peña Blanca desde su base hasta la cima. Ahora estoy en territorio conocido y lo disfruto como nunca, camino levitando. Hace un día esplendido y lo que está a mi alrededor es simplemente maravilloso. Sigo el pedrero por donde desagua la Muesca acercándome a las paredes que lo cierran.
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Cuanto más arriba, más se cierran las paredes del circo. Los rebecos me contemplan sorprendidos por esta inusual visita. La combinación de roca caliza y vegetación exuberante este día de sol y nubes es bellísima. Esto un regocijo para los sentidos.
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Por fin alcanzo las bandas de roca donde comienza el pedrero. Supero el primer resalte de roca sin problemas.
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Llego al segundo resalte de roca, el cual podría evitar por la izquierda y así fácilmente salir por la cueva de la Muesca hacia la cima pero ahora mismo tengo la moral por las nubes y decido seguir con el plan original. Subo al collado de la torre y decido bajar de nuevo por la canal de acceso al requexu de Desques, por donde atravesó Enri hace muchos años, pero como la vez anterior no veo claro el paso a la otra ladera y ni lo intento. Hoy mi objetivo es otro, lo que de verdad me llama es ver si es posible salir a la cueva de la Hedrada de manera directa, es decir pasando por detrás de la aguja y ascender por la delgada canga que la une a la ladera superior de la peña Blanca.
De nuevo en el collado de la torre, enfoco mi vista hacia arriba y veo que la primera parte de la canal que llega hasta la aguja es bastante empinada y de hierba alta, pero sin dificultades, meto los bastones en la mochila y agarrándome de vez en cuando a la hierba asciendo paulatinamente. La canal es larga y con inclinación creciente. A la mitad, me doy la vuelta y veo enfrente una estampa preciosa de la mole que cobija en su parte inferior a la cueva de la Muesca.
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Sigo ascendiendo pero esto cada vez se empina y estrecha más, hasta que la hierba da paso a un resalte de roca prácticamente vertical. Entre la roca de mala calidad hay algunos alloros y avellanos, pero bastantes menos que en la pared de la cascada. En el pasado, ante situaciones similares he desistido, pero hoy siento que los astros están alineados a mi favor. Una parte del cerebro, me dice que ya he tentado bastante a la suerte hoy pero otra parte me dice que la recompensa está muy cerca y que es enorme. Hace dos años, Treparriscos muy generosamente me invitó a realizar un proyecto suyo donde tuvimos que trepar hasta lo que él llamó “la delgada línea verde”, una canga colgada del vacío similar a la que tengo ahora unos metros por encima. Me hubiera encantado compartir mi proyecto hoy con él, pero las circunstancias no lo han permitido. Aquel día fue inolvidable y sé que si recorro esta canga, la huella que dejará en mi memoria será igualmente indeleble. Está decidido. Me agarro con dos manos al único alloru que tengo a mano y tiro para arriba poniendo los pies contra la pared porque no hay grietas donde encajarlos. No es como en la cascada del río donde solo necesitaba alargar la mano para coger el siguiente tronco, aquí muchas veces tengo que contorsionarme para subir un pie al tallo o tronco que tengo cogido con una mano y luego estirarme mucho hasta el siguiente agarre en la roca o tallo. Poco a poco voy ganando metros pero me sorprende ver lo lejos que está la aguja y su collado. De repente me agarro a un canto y se desgaja de la pared, tarda en llegar al suelo lo que me parece una eternidad y lo oigo rodar canal abajo a una velocidad endiablada. Me doy cuenta de que ésto ya tiene muy mala vuelta atrás y además me asalta la duda de si de la aguja para arriba habrá continuidad. Y por fin alcanzo el collado de la aguja.
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El collado es sobrecogedor pero la verdad es que estoy fibrilando demasiado como para disfrutarlo. Echo un vistazo para atrás, a la canal por la que he subido y me doy cuenta de que acabo de forzar la máquina bastante más de lo habitual.
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Desde el collado puedo ver enfrente de mi el impresionante hueco que me separa de la ladera de la cueva de la Hedrada
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Cojo un poco de aire y a cámara lenta giro la cabeza a la izquierda con la esperanza de que lo que me reste hasta llegar a la canga que me conducirá a la ladera de en frente sea fácil. Alzo la vista y se me caen las pistolas al suelo.
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Allá arriba a la izquierda puedo ver el árbol al que tengo que llegar para alcanzar la canga horizontal que supuestamente me va a dar paso a la ladera de la Hedrada. Está mucho más alto de lo que creía y el salto vertical inicial para acceder a la canga inclinada que conduce hasta el arbolillo es más grande de lo que me esperaba. Cuando había visto ésto desde la ladera de enfrente hace un par de meses, todo me había parecido más fácil y pequeño, pero visto desde aquí abajo, todo cambia. Ahora es tarde para arrepentirse, así que hago una travesía lateral un poco precaria hasta acercarme a la pared y comienzo a subir agarrándome a la roca cuando puedo y cuando no, a zarzas que crecen entre ellas. Echo bien de menos a los alloros. A pesar de no usar guantes, ya que necesito toda la sensibilidad en las manos posible, cuando me agarro a espinos que nacen entre las rocas no noto pinchazo alguno, ¡bendita adrenalina! Me falta poco para alcanzar la canga inclinada que me conducirá hasta el arbolillo. Por fin asomo la cabeza entre los matos y me aparece ésto.
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¡Vaya sorpresa! La canga inclinada es en realidad una laja bastante lisa con un poquito de vegetación en un lado. Bastante más arriba puedo ver el arbolillo al que tengo que llegar, ¡pero es que ésto no va a dar tregua nunca! A estas alturas del partido la suerte está echada, así que me pongo a trepar. A la derecha de la laja a veces aparece una fisura que me da la vida al permitirme meter algunos dedos de la mano y la punta de una bota, pero voy bastante nervioso pensando en cómo me las voy a apañar para bajar por esta laja si más allá del arbolillo no hay salida. Progreso por la laja hasta que con un gran alivio alcanzo el arbolillo y me abrazo a él como si fuera mi mejor amigo. Detrás de él aparece la tan ansiada canga herbosa.
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Está algo inclinada hacia el vacío pero es bastante ancha aunque a la mitad tiene un estrechamiento donde la pared presenta una pequeña oquedad. Me acerco hasta ese punto y busco grietas en la pared que me permitan agarrarme, pero no encuentro nada, así que paso de cara a la pared con sumo cuidado. Al otro lado del estrechamiento, la canga se ensancha de nuevo y por primera vez en mucho tiempo respiro hondo. Incluso tomo una foto del patio que tengo a mis pies.
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Alcanzo al fin la ladera, miro hacia atrás y me deleito la vista con esta maravillosa estampa de la aguja, la canga, el arbolillo y al fondo la cueva de la Muesca.
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Estoy flotando, no noto el suelo a mis pies, tengo una descarga de endomorfinas salvaje. Había soñado con este recorrido muchísimo tiempo, ha sido emocionante a tope y de una belleza apabullante. Estoy tremendamente feliz. Después de tanto tiempo repitiendo recorridos de otras personas, por fin he contribuido algo original al conocimiento de la garganta del Dobra.
Y ahora disfrutando como un jilguero paso por delante de la cueva de la Hedrada y tiro hasta el pico, en cuya cima hay una cruz y una plaquita con el nombre de los Porros de Valluengo.
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Y aquí me aguarda una amiga del alma, la mágica garganta del Dobra, donde he pasado momentos muy intensos cuyos recuerdos me acompañarán siempre.
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Han sido ocho horas sin descanso para salvar un desnivel de aproximadamente 800 metros, a una media de cien metros a la hora, para subir una tachuela que no llega a mil metros, pero es que la garganta del Dobra es así. Me gustaría quedarme un tiempo aquí arriba deleitándome con esta maravillosa vista pero me queda un largo recorrido de vuelta por los valles de Panales y Cuerries, calculo que me faltan al menos unas 4 horas así que me pongo en marcha.
Disfruto durante un corto rato del terreno suave que me conduce a la entrada del valle de Panales antes de introducirme en la garganta de nuevo.
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Una larguísima bajada hasta la cueva de Panales, de la que bajo por el seu les cabres, que requiere de una destrepada delicada pero sobre buena roca. Un rato más tarde alcanzo por fin el río, donde ya muerto de sed, agotado y agobiado de calor aprovecho para beber su fresquísima agua.
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Después de cruzar el río, me adentro en la espesura del valle de Cuerries donde agradezco la sombra muchísimo. Al salir del bosque me encuentro con un pastor, ya en la pista que conduce a Vis, quien al verme con una sudada descomunal y con arañazos por toda la cara, me pregunta de dónde vengo y después de una larga explicación que parece no creer me ofrece un trago de vino caliente que trae en un botellín de agua reciclado. Se ofrece a llevarme a Vis en su 4x4 y antes de marchar, echo la vista atrás y me despido de la peña Blanca, la cual me ha brindado un día inolvidable y la que todavía esconde muchos secretos para quien los quiera resolver.
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El pastor me invita a una cerveza en su casa, donde me cuenta historias fascinantes de los habitantes de esta garganta y de recorridos imposibles. Pero ahora me toca disfrutar de lo mejor del día, la compañía de Enri, a quien me muero de ganas de ver y de contarle lo que he vivido. Antes de ir a verle, me cambio de ropa y cuando me miro el cuerpo alucino, ya que parece que he estado metido en un saco con una docena de gatos, como muestra la foto siguiente tomada un día después.
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Me voy a visitar a Enri, quien al igual que yo, está encantado de que nos veamos de nuevo. Aprovechamos que estamos juntos para llamar a Ballesteros y a Treparriscos y saludarles y Enri no para de decirles lo contento que está de que por fin alguien haya hecho el recorrido de unión entre las cuevas de la Muesca y la Hedrada, como hizo él hace ya muchos años. Y así nos vamos a celebrar con una buena cena los itinerarios que con unos años de diferencia ambos hemos hecho. Durante la cena, Enri me deleitó con historias de sus correrías como cazador y pescador por la garganta y lo pasamos genial.
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El idioma inglés tiene una preciosa expresión de origen griego inmortalizada por Newton para expresar la consecución de un logro apoyándose en el esfuerzo previo de pioneros, ”If I have seen further it is by standing on the shoulders of Giants”, y que se puede traducir por “si lo logré fue alzándome sobre los hombros de gigantes”. Yo me siento así, he conseguido al fin aportar algo muy pequeño al conocimiento de la garganta del Dobra, pero sólo gracias al esfuerzo previo de grandes exploradores de esta garganta como Ballesteros, Treparriscos y Luis, quienes a su vez se alzaron sobre los hombros de los atrevidos pastores de sus pueblos. A todos ellos mi más sincero agradecimiento.
Y si alguien alguna vez me pregunta por qué utilicé el paso de la aguja para ir de la Muesca a la Hedrada en vez de ir por el sendero normal, contestaré con las mismas sabias palabras que usó Enri cuando le pregunté porque se arriesgó tanto para alcanzar el requexu de Desques:
“pues lo hice porque estaba ahí y había que hacelu”
__________________________________________________________________________________
P.D.: Aunque la dificultad de un recorrido es algo muy subjetivo, para mí, este itinerario es de largo el más exigente físicamente y expuesto de todos los que yo he acometido en la garganta.

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Treparriscos
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Re: La aguja de Peña Blanca

Mensaje por Treparriscos » Jue May 18, 2017 3:05 pm

Francamente, noyar, no sé qué se puede comentar de este, tu último reportaje.

Te felicito efusivamente por la primera parte: has conseguido un conocimiento de la garganta del Dobra realmente impresionante gracias a un tesón digno de envidia.

Pero no estoy del todo seguro de querer extender esa felicitación a la segunda parte, en la que relatas tu última peripecia. Esa ascensión es muy, muy arriesgada. Es una forma de montañismo totalmente distinta a la "tradicional" y que muy pocos sabrán valorar en su justa medida. Cada persona debe saber dónde se halla su límite y, desde luego, este no se puede encontrar (y menos, valorar) desde la comodidad de un sofá. Espero que hayas encontrado el tuyo, al único precio de unos cuantos arañazos, y que la búsqueda haya finalizado...

Saludos.

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Re: La aguja de Peña Blanca

Mensaje por Cienfuegos » Jue May 18, 2017 6:46 pm

Alberto, pocas novelas me han tenido tan enganchado y con tanta tensión como tu relato. Impresionante, absorbente y sobre todo, acojonante. Te conozco lo suficiente como para saber que cuando pones cosas como las de abajo, quiere decir que aquello no es terreno para mortales
noyar escribió:"El collado es sobrecogedor pero la verdad es que estoy fibrilando demasiado como para disfrutarlo"
"pero voy bastante nervioso pensando en cómo me las voy a apañar para bajar por esta laja si más allá del arbolillo no hay salida"
"P.D.: Aunque la dificultad de un recorrido es algo muy subjetivo, para mí, este itinerario es de largo el más exigente físicamente y expuesto de todos los que yo he acometido en la garganta"
¿Que decia Ballesteros? Un paso para suicidas. ¿Como sería el de Enri para que tú te dieras la vuelta?
A mi me ha encantado el reportaje, aún cuando se que no lo veré nunca de cerca. No es para mi. Cada uno es consciente de sus limitaciones, pero no le resta un ápice de interés, al contrario. Espectacular actividad, de verdad. Enhorabuena.

Nos vemos
Cienfuegos

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Re: La aguja de Peña Blanca

Mensaje por ricardo1000 » Jue May 18, 2017 7:59 pm

Hola Noyar
Ante todo enhorabuena por tu post.En los años que llevo por aquí,creo que es el post que mas pasión me ha transmitido por la actividad realizada, así como la sensación de un riesgo permanente en su desarrollo.Me alegro mucho que consiguieras tu objetivo,
Muchas gracias por contarnos tanto la actividad(inalcanzable para la inmensa mayoría de nosotros) como tus sensaciones en toda ella.

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Re: La aguja de Peña Blanca

Mensaje por Andoni » Sab May 20, 2017 9:01 pm

Espectacular actividad y espectacular reportaje. kk2:)
Te has convertido en un experto en la zona. A ver si quedamos un día y así sales de tu Dobra aunque sea por una jornada.
Yo por las fotos lo veo todo casi imposible, ten cuidado y sigue mostrándonos tus investigaciones. Un abrazo.

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Dobra2
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Re: La aguja de Peña Blanca

Mensaje por Dobra2 » Lun May 22, 2017 12:51 pm

¡¡ j(: !! Noyar, casi sin palabras nos ha dejado tu actividad j(: Impresionante tu labor de investigación y tu compromiso a la hora de realizarla. Aunque uno siempre protesta por los ablanos y otros arbustos, en tu caso, han tenido un papel fundamental para la consecución del recorrido, vas a tener que cambiar de nick y llamarte Tarzán :lol: :lol:

¡Como sería el paso lateral al Requexu Desques que no te decidiste a hacer!... Enri, al igual que otros muchos pastores están hechos de otra pasta.

Y en cuánto al relato kk2:) , estamos de acuerdo con Ricardo1000. Ha sido un placer leer tu aventra y hemos estado tensionados hasta el final. Nos ha encantado.

Suponemos que tú ya sabes dónde están tús límites... pero cuidado con el subidón de adrenalina... a veces ye adictivo ;)

Un abrazo :D
Los Dobra

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