viewtopic.php?f=18&t=31628
24-05-2018: Villalón de Campos (6h15') - Sahagún (15h45') - 38,5 Km
La etapa no iba a ser tan larga como la del día anterior, pero tampoco iba a ser corta. Definitivamente me uniría con el Camino Francés en Sahagún, para desde allí –por Camino ya conocido- llegar a León en dos días.
Dejando el albergue (con su amable matrimonio de veteranos hospitaleros, que, tal como me habían dicho, me habían dejado puesta la llave en la puerta para que pudiera salir lo pronto que quisiera) y saliendo de Villalón de Campos antes de amanecer:


Casi inmediatamente se coge un desvío bien señalizado hacia pistas agrícolas, con claras señales de las lluvias nocturnas, dejando Villalón atrás e iniciando un progresivo ascenso (con una señal bien visible al fondo en lo alto):




El cielo había comenzado despejado (“nunca te arrepentirás de salir demasiado pronto …”), pero poco a poco se iba enturbiando. La previsión era de más tormentas (que parecía fueran a ser la tónica en este Camino):


Llegando a un cambio de rasante, percibí unas montañas al fondo y, “enchufando” el potente zoom de la cámara… ¡¿el gran Curavacas?!! ¿Qué otra podía ser con esa silueta? Como un emocionante encuentro con un viejo conocido (no sería el único de este tipo en este Camino):

Último vistazo hacia Villalón de Campos, que se quedaba definitivamente atrás:

Había llovido bastante durante la noche. Y tendría ocasión de constatarlo en carne propia dentro de poco:

El siguiente lugar ¿habitado? era Fontihoyuelo, a unos 8 Km de Villalón, que se “ocultó” hasta el último momento (de hecho ya empezaba a preocuparme por no verlo aparecer):

Sin un alma a la vista:


Y al salir de Fontihoyuelo, al coger de nuevo otra pista, me esperaba una cura de humildad. Yo he alardeado varias veces de lo bien que conozco el barro y de lo bien que sé andar por él (¿se hunde? ¿no se hunde?), por los conocimientos adquiridos de guaje. Pero se ve que no todos los barros son iguales, y aquí me esperaba uno muy traidor, aparentemente seco y compacto, pero en el que se hundían ¡totalmente! las zapatillas (“llenar”, que decíamos en Sietes):

Y, no bien salido de esta, otra sorpresa: ¡tremendamente resbaloso! A pesar de los bastones, se me fue un pie y me di una buena talegada en el suelo con todo el equipo: mochila, cámara, …:

Allá al fondo, muy al fondo, se veía el siguiente lugar ¿habitado?, Santervás de Campos, pero aún a unos buenos 8 Km de Fontihoyuelo. Hasta allí, con pies de plomo por la pista, tratando de ir por la hierba del camino (las zapatillas calándose) en lugar de por el traidor barro:




Aproximándose Santervás de Campos, las señalizaciones indicaban por más pista, pero en cuanto pude me dirigí directo hacia una carretera para librarme definitivamente del barro:

Lo que más llama la atención de Santervás (tampoco había estado nunca antes) es su imponente iglesia románica y mudéjar, del siglo XII:





Ya llevaba unos 16 Km y hubiera hecho una parada de buena gana, pero la única persona a la que vi –una señora barriendo a la puerta de su casa- me informó de que había un bar, pero que abría mucho más tarde (¿es posible que se pueda uno arrepentir alguna vez de salir demasiado pronto?):

Saludé a Ponce de León, nacido en Santervás de Campos:

Afortunadamente, justo a la salida del pueblo había una fuente en la que pude recomponer un poco mi aspecto después de la caída en el barro:

Y a una nueva pista, esta de suelo mucho más compacto y seguro, sin barro traidor:

Continúa.