Autor: Antonio:

 

Título: De Saigu a Cabezo Llerosos

La autoría de esta ruta es compartida, pues nunca habría tenido la posibilidad de relatarla si no hubiera tenido en Alfonso la compañía necesaria para realizarla.

AVISO PREVIO

Esta ruta es de una dificultad alta.
La primera parte, desde el comienzo de Saigu hasta la Horcada de los Bueyes, exige salvar un desnivel muy fuerte, por un terreno muy escabroso e inestable. En un episodio de la ruta hay que efectuar una trepada delicada en el Sedo de Los Arandanales (grado II y II+)
El retorno desde el Cabezo Llerosos hasta la ruta de El Cares tendría dificultades graves de orientación en caso de niebla

Como valor orientativo de los desniveles a salvar, algunos puntos clave de la ruta son:

La Trapa-Cabezo Llerosos.-
La Trapa: 220 mts
Inicio de la Canal de Saigu: 470 mts.
Sedo de los Arandanales: 1.145 mts
Horcada de los Bueyes: 1690 mts.
Cabezo Llerosos: 1792 mts

Cabezo Llerosos-La Trapa por Beresna y La Raya.-
Beresna: 1600 mts.
Vega Maor: 1218 mts.
Valdelafuente: 1.035 mts
Entronque Ardinal-Canal de la Raya: 590 mts.

Cabezo Llerosos-La Trapa por Cuestas Sagradas.-
Collado Cuerno: 1410 mts
Las Envernadas: 1.235 mts

DESCRIPCIÓN DE LA RUTA

Para llegar a pie de la Canal de Saigu, el punto de partida más lógico es La Trapa (Poncebos). La Canal de Saigu es la primera gran canal que nos encontramos después de andar unos kms por la ruta del Cares; luego de traspasar y descender del alto de Los Collaos. Se reconoce fácilmente porque pocos metros antes encontramos un casetón pegado al muro, el casetón de Saigu, y porque ha habido que habilitar en el camino una plancha de hormigón para reparar los destrozos que cada año causa el argayo inestable de la canal.

En su punto de arranque, la canal de Saigu asoma ante nosotros sin engaños ni tapujos, coronada por la figura colosal del Cueto Argumoso. A la vista de su fiero perfil de torrentera sumamente pendiente, inestable y amenazante, hay que venir cargado de motivación y de energía para acometer su ascensión.

Para entrar en Saigu podemos hacerlo por su izquierda, siguiendo las trazas discontinuas de vereda de cabras que llevan hasta un redil formado bajo la oquedad de la roca.

Una vez dentro y superado el primer tramo, la Canal se puede ascender por cualquiera de sus márgenes. Si se elige continuar por la izquierda, entonces hay que salvar unas inclinadas playas herbosas muy incómodas y delicadas, con mal asiento para los pies y alto riesgo de deslizamiento, Si se elige hacerlo por la derecha, se progresa por un terreno pedregoso, algo más firme dentro de su inestabilidad. Comparando ambas opciones, parece, pues, más lógico hacerlo por la derecha. En ese caso, hay que cruzar a ese lado de la torrentera antes de llegar al redil de cabras.

Por un lado o por otro, llegará un momento en que el terreno se inclina tanto que conviene meterse en el cauce de la torrentera. En ese instante, la ascensión obliga a ir sorteando los bloques de piedra, siempre con sumo cuidado por su inestabilidad.

Si le echamos un poco de imaginación, es como ir medio trepando por un intestino repleto de grandes fecalitos pétreos que amenaza con entrar en plena defecación. Así que hay ir suplicando: Saigu!, Saigu!, por lo que más quieras... que no se te remuevan en este momento las tripas.

Si hace calor, el recorrido por el cauce del argayo puede ser es sofocante. En ese caso, resultará un enorme alivio encontrarnos con algún punto donde puede que corran algunos hilos de agua con seguro sabor a gloria.

En la parte alta el cauce se va estrangulando hasta empujarnos a abandonarlo por la izquierda. Más o menos a la altura donde abandonamos el cauce se abre por la izquierda el ramal de la Canal de Llamero, que a media altura ofrece una salida por la desaparecida senda de El Redondo hacia los altos prados entre Ostón y Beresna. Pero ese no es ahora nuestro "camino". Nosotros tenemos que seguir por la canal principal, iniciando un lento giro hacia la derecha bajo el muro del Cueto Argumoso. En este tramo no tenemos más remedio que avanzar a duras penas por una ladera herbosa inclinadísima, haciendo uso ocasional de las cuatro extremidades.

Poco a poco, la subida nos acerca al colosal derrumbe de donde surgen las rocas que todos los años se desploman sobre El Cares a modo de gigantesco argayo. Se trata de una peña cortada limpiamente por el tajo de una fuerza hercúlea y monstruosa. Produce escalofrío pensar en el estrépito causado por tan infernal momento.

Pidiendo concentración a nuestros ojos atónitos, nosotros tenemos que dirigirnos hasta la cabecera del torrente. Estamos en una especie de circo angosto que sólo podemos atravesar pegándonos a las paredes del Cueto Argumoso. Esto nos obliga a seguir trepando por las playas herbosas como patosos rebecos hasta alcanzar el único paso posible: una vira rocosa que ofrece la seguridad suficiente para alcanzar una salida por encima del gran derrumbe. Después, aún tenemos que atravesar en falso llano otra panda herbosa que nos conduce a una especie de rellano o collada.


El traspaso de la colladuca nos conduce al reencuentro con la riega de Saigu, por la que discurre un cascadina que suena como música fresca en tan áspero lugar. Pero, ¡atención!, no hay que dejarse atraer hacia ella. Hay que mirar a la izquierda, al muro que cierra la canal por su lado norte. Si nos acercamos a él descubriremos la señal inequívoca de que por ahí tenemos que trepar: el alambre que en su día colocó el pastor Rafael para facilitar su paso. Estamos en el episodio clave de la ascensión: el sedo de Los Arandanales.

La trepada no es difícil porque el muro está algo escalonado y ofrece buenos apoyos y presas, pero es delicada, porque un error resultaría fatal. Para trepar con la mayor seguridad hay que observar bien y acertar con el flanco más débil del muro, que es el izquierdo. Al final del primer tramo de trepada encontraremos el rústico pero sólido anclaje de Rafael: una herradura. Pero desde aquí aún hay que seguir trepando. Para ello, lo más seguro es no seguir recto hacia arriba, sino describir una curva primera a derecha, luego a la izquierda.


La salida del muro nos deposita en Los Arandanales. Al ver de cerca su verde pradería, comprendemos mejor el sacrificio de los pastores como Rafael para traer aquí sus rebaños y aprovechar el pasto.

El tramo siguiente es duro, pero ya no ofrece dificultades reseñables. Consiste en ascender pacientemente la canal de Fuentes de Rama, que a diferencia de Saigu ofrece un trazado franco. La primera parte es una larga cuesta muy empinada, pero más fácil de andar que las playas de la cabecera de Saigu. Aquí será suficiente con dos extremidades, lo que resulta un “alivio” a estas alturas.

Hacia la mitad de la subida, la canal describe una curva derecha-izquierda y llegamos frente al muro levantado por los pastores para impedir el paso de las vacas que pastan en la parte alta. Después del esfuerzo realizado, el traspaso del muro ofrece uno de esos impagables momentos de satisfacción que colman el sentir de los montañeros “arrebecaos”. Las cumbres del macizo central que aparecen en la lejanía parece que fueran propias y que uno las pudiese acariciar con las manos.

A partir del muro, la canal pierde inclinación y su recorrido se convierte en un apacible paseo hasta llegar al verde remanso de la Horcada de Los Bueyes, un lugar idóneo para compartir lecho con las vacas.

Si las reservas energéticas no están al límite, desde la Horcada de los Bueyes podemos ascender a la cumbre cercana del Cabezo Llerosos: una cumbre estratégica para sentirse un marino privilegiado en medio del océano de los Picos. En ese caso, lo más cómodo resulta progresar por la loma sur que enlaza la Horcada con la cumbre, siguiendo los numerosos hitos que te indican los pasos más cómodos entre los lapiaces.

LA HORA DEL RETORNO

El retorno desde el Cabezo Llerosos ofrece varias opciones. Cualquiera de ellas carece de dificultades técnicas de importancia, pero todas tienen problemas de orientación con días claros y se convierten en harto confusas y peligrosas en días de niebla. Aquí comentaremos tres y recomendaremos dos, pero una con más fuerza montañera que otra.

Descenso por Ondón y la Canal de las Bobias.- Esta es la opción más cómoda, directa y conocida. Se trata de descender a la majada de Beceña, al este del Pico, y seguir luego los hitos que nos llevarían hasta la majada de Ondón para bajar a Camarmeña y La Trapa por la canal de Bobia. Esta ruta aparece descrita en numerosos lugares (vid: Rodríguez Adrados: Ruta C-1, en Picos de Europa. Ascensiones y travesías de dificultad moderada. Oviedo). La ruta está marcada con numerosos hitos, pero aún así requiere atención en el tramo entre Beceña y Ostón, donde se atraviesan numerosos hoyos que dificultan la orientación y hay que hacer algún que otro giro sorprendente.

Descenso por Beresna, Ostón y la Canal de la Raya.- Esta opción es más larga y algo más agreste, pero recomendable para espíritus montañeros. Consiste en descender del Cabezo hacia el oeste, pasando por la recóndita, pero entrañable, majada de Beresna. En este caso hay que ubicar bien la majada desde el Pico, porque una vez que descendamos el terreno nos hará perderla de vista. Para llegar a Beresna podemos retornar a la Horcada de los Bueyes y seguir el camino prestando atención en los momentos en que éste se difumina entre las rocas.

Desde Beresna y una vez ubicados frente a su inquietante “bujero”, hay que salir por la izquierda, siguiendo una marcada senda con restos de armaduras. Luego hay que hacer uso del sentido de la orientación para caminar siempre hacia el oeste o el sur/suroeste, mirando de “cara” a las cumbres del Macizo Occidental y atravesando bucólicas brañas y nostálgicos restos de chozos ganaderos.


El terreno, siempre fácil, nos llevará hacia algún punto donde veamos bajo nosotros la vaguada que comunica las majadas de Vega Maor y de Ostón. Cuando lo consideremos oportuno, bajamos por el lugar que nos parezca más cómodo y seguimos el camino señalizado que recorre la vaguada hasta los pastos de Ostón.

En Ostón podemos bajar al Cares por la canal de Culiembro, que se encuentra a su derecha (suroeste). Pero resulta muy recomendable hacerlo por la canal de La Raya, que se encuentra al otro lado, a su izquierda (sureste). Si elegimos La Raya no hace falta llegar hasta las cabañas de Ostón. Antes de entrar en sus vallados dominios nos echamos a la izquierda, buscando la línea de vaguada que se aproxima a las peñas. Si nos fijamos bien, las veredas de ganado nos llevarán a un recuenco donde se encuentra la fuente-abrevadero de Valdelafuente.

Desde Valdelafuente hay que dejarse caer por la pradera con ligera tendencia a la izquierda, pero sin meterse en la parte angosta de la canal, que es la parte alta e impracticable de La Canal de La Raya. El muro que cierra los prados de Ostón quedará a nuestra derecha y cada vez más lejos. Así nos iremos acercando a un bosquete de encinas que anuncia los desplomes sobre el Cares. Es el Monte La Ardinal. Ya cerca de las encinas encontraremos el claro sendero que atraviesa este Monte para llevarnos hasta la canal de La Raya. El sendero describe primero unas zetas y luego se echa bruscamente a la izquierda para conducirnos sin equívoco posible al interior de la canal.

Una vez en ella, sólo resta dejarse caer por el sendero y la pedrera hasta reencontrarnos con la ruta de El Cares y dejarnos llevar por nuestro cuerpo fatigado, pero contento, hasta la merecida acogida que nos espera en La Trapa.

Descenso por los Jobos del Agua y Cuestas Sagradas.- Esta opción es la más agreste de todas, pero por eso mismo la más recomendable para montañeros exigentes. Consiste en bajar desde Cabezo Llerosos hacia el sur, buscando el borde de los desventíos que caen sobre La Canal de Saigu y Los Arandanales. Si lo hacemos así, nos meteremos en el laberinto de los Jobos del Agua. Aquí, el único “sendero” posible es una buena mezcla de orientación y de intuición para buscar los mejores pasos. En caso de duda, lo mejor es avanzar lo más pegados que podamos a la línea de cresta, mirando de reojo el vacío que nos separa de Saigu y Los Arandanales.

De ese modo, llegará un momento en que avistemos una amplia ladera que se descuelga hacia la ruta del Cares y en el alto de Los Collaos. Esa ladera es Cuestas Sagradas y tampoco ofrece senderos, sino una incómoda mezcla de piedra y brezos que nos harán trabajar cada paso. Lo mejor es bajar por su lado derecho, para poder llegar al Collado Cuerno con el reojo puesto de vez en cuando en el paraje vertiginoso de Los Arandanales.


Si bajamos por ese lado es más posible que nos topemos con la agradable sorpresa de la cabaña de Las Envernadas.

Desde ella, podremos continuar la bajada en diagonal, enfilando nuestros pasos hacia los pastos inferiores de Pregüeles, donde destaca el cierre ganadero de Cueto Corral.

Desde Cueto Corral, un claro sendero salva el resalte donde se asienta la majada troglodita de Abeyares.

Luego, un poco más de descenso por la pedrera y habremos retornado a Los Collaos con el pensamiento puesto en los placeres de La Trapa.